¿Estamos realmente celebrando con fundamento los avances en las exportaciones de México? Aunque es innegable que somos un jugador clave en el ámbito manufacturero y un destino atractivo para el nearshoring, es esencial reevaluar la narrativa, pues es más compleja de lo que parece.
Recientemente, durante una gira de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en París, se abordó un tema crucial: la calidad y el valor de las exportaciones. Las reuniones con organismos europeos como MEDEF International y BusinessEurope, así como con expertos de la OCDE, pusieron de manifiesto una advertencia significativa: la manufactura en México se enfrenta a riesgos, no por la falta de tratados o fábricas, sino por la escasez de talento especializado.
Si bien millones de mexicanos están empleados en labores de ensamblaje, empaque y otras áreas de producción esenciales, muchos de estos roles son repetitivos y de bajo valor agregado. La creciente automatización está cambiando este panorama. Según el director de PRODENSA, Rogelio Soto, el incremento en las exportaciones no se traduce necesariamente en más empleo; en su lugar, refleja un aumento en la productividad industrial. Esto no implica simplemente reemplazar trabajadores por máquinas, sino una transformación en el tipo de talento necesario en la industria.
Es interesante señalar que México ya está exportando servidores utilizados en centros de datos globales, con precios que oscilan entre los 200,000 y 900,000 dólares por unidad. Este cambio en el tipo de productos que se exportan modificará la forma en que medimos el éxito. A medida que las plantas incrementan su valor de exportación, pueden hacerlo sin contratar un número proporcional de nuevos empleados, simplemente porque el valor de cada unidad ha aumentado significativamente.
Otro dato relevante son las importaciones de robots industriales, que han alcanzado los 200 millones de dólares anuales, procedentes principalmente de Japón, China, Estados Unidos, Corea del Sur y Alemania. Estados como Nuevo León, Chihuahua, Querétaro, San Luis Potosí y Jalisco son los mayores consumidores de estos equipos, los cuales están diseñados para integrarse en el corazón industrial del país, no en laboratorios de alta tecnología.
El mensaje es claro: aunque la manufactura mexicana está en movimiento, no necesariamente hacia más empleos tradicionales. La verdadera amenaza radica en que la manufactura de bajo costo podría no ser suficiente para competir en un futuro donde la automatización, ya adoptada por rivalidades como China, se vuelve el estándar.
México aún se encuentra en debates sobre cómo la educación puede acercarse más a las necesidades de la industria. Durante la visita a Francia, se destacó la importancia de la formación dual en educación superior y su papel en la inteligencia artificial y las MiPyMEs. Aunque el modelo mexicano ha beneficiado a más de 14,500 jóvenes, los empresarios señalan que todavía es insuficiente ante el inmenso reto que se presenta en el horizonte.
La comparación con otros países que están completamente integrados en esta nueva era industrial nos invita a reflexionar sobre el camino que hemos elegido. En resumen, el futuro de la manufactura en México depende no solo de aumentar nuestras exportaciones, sino de crear un entorno que fomente el talento especializado necesario para sostenernos en un mercado cada vez más competitivo y automatizado.
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