El Banco de Inglaterra (BdeI) está marcando claramente su autonomía monetaria respecto al Banco Central Europeo. La institución que preside Andrew Bailey ha decidido actuar ya frente a la inflación galopante que sufre el Reino Unido. Si apenas hace dos meses el BdeI dio la primera pista sobre su cambio de estrategia, al subir los tipos de interés del 0,1% al 0,25%, la decisión de este jueves consolida ya la tendencia. El precio del dinero se sitúa ya en el 0,5%, y el banco ha dejado clara su intención de seguir subiendo los tipos hasta alcanzar el 1,5% a mediados de 2023.
El objetivo de inflación es establecido de modo permanente por el Gobierno británico y el BdeI está obligado a consultar su actuación con el ministro de Economía de turno cuando se produzca un desvío al alza superior a un punto porcentual. El año pasado, la inflación del Reino Unido fue del 5,4%, y la previsión del BdeI apunta a que, durante la próxima primavera, puede llegar a situarse en el 7%, antes de iniciar de nuevo un descenso.
El aumento global del precio del gas también se ha dejado notar en los hogares británicos, pero el golpe será mucho mayor en abril. El “precio límite de la energía” que impuso el Gobierno de la conservadora Theresa May, en 2019, ha mantenido unas facturas en cierto modo ficticias. El límite se revisa dos veces al año, y el cálculo actual apunta a un incremento de más del 50% de las facturas de electricidad y gas de todos los hogares en apenas dos meses. De hecho, el Gobierno de Johnson ha anunciado este mismo jueves un plan de ayudas y préstamos para aligerar la carga a la que van a enfrentarse este invierno muchos hogares del Reino Unido.
El Comité de Política Monetaria del BdeI
Ha mostrado una clara división a la hora de decidir el grado de dureza con que debía responder a la amenaza de la inflación. La decisión de subir los tipos hasta el 0,5% se ha tomado por cinco votos frente a cuatro, pero la voluntad de la minoría era de la de que el aumento fuera mayor, hasta el 0,75%.
El BdeI ha anunciado además su voluntad de dejar de recomprar los bonos del Gobierno que sostiene, que superan el billón de euros desde que la institución comenzó su política de quantitative easing (expansión cuantitativa, que consiste en generar dinero extra en circulación) en 2009. Esta decisión se producirá de un modo gradual. En marzo madurarán bonos por valor de 33.000 millones de euros, y para finales de 2023 se reducirá esa cartera en 83.000 millones de euros más.
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