Hasta el día de ayer, el Servicio Meteorológico Nacional había emitido un pronóstico alarmante sobre las temperaturas máximas en el país. Se esperaban temperaturas que oscilarían entre 40 a 45°C en los estados de Baja California, Sonora, Chihuahua y Sinaloa. En territorios como Baja California Sur, Coahuila, Nuevo León y otros, se pronosticaba un rango de 35 a 40°C, mientras que en Jalisco, Colima y Quintana Roo, las temperaturas estarían entre 30 y 35°C. Esta semana, más de la mitad del territorio mexicano estuvo bajo un intenso calor extremo.
Diversos estudios han revelado que México se calienta a un ritmo superior al promedio global. Investigaciones del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, bajo la dirección de Francisco Estrada, indican un aumento de 3.2°C en la temperatura del país a lo largo de un siglo, superando el aumento global estimado de 2°C.
Junio fue un mes particularmente caluroso: en ciudades como Hermosillo, Mexicali y Chihuahua, las temperaturas superaron los 45°C en múltiples ocasiones. Mientras el sur del país recibía lluvias por la depresión tropical “Dos”, el norte se mantenía bajo un implacable calor. En otras localidades como Guanajuato, Querétaro y Puebla, los termómetros alcanzaron hasta 35°C. En la Ciudad de México, las temperaturas variaron entre 27 y 29°C en la primera quincena del mes, descendiendo a 24°C al final cuando comenzó el periodo de lluvias.
El impacto de estas altas temperaturas ha sido severo en la salud pública. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud, en la semana epidemiológica 25 se registraron 935 casos de problemas asociados al calor extremo: 547 golpes de calor, 360 deshidrataciones y 28 muertes, afectando en mayor medida a los estados de Veracruz, Sonora, Chiapas, Tamaulipas y Tabasco.
Económicamente, las consecuencias son igualmente preocupantes. En el sector agrícola, las altas temperaturas y la sequía han reducido los rendimientos de cultivos esenciales, como maíz y trigo, en un 25-30%, lo que genera pérdidas estimadas entre 20,000 y 40,000 millones de pesos únicamente en el norte y sur del país.
La industria también ha sentido el impacto; paros técnicos en sectores clave como la construcción y la manufactura han provocado caídas en la productividad del 10-15% en ciudades como Monterrey y Hermosillo. Esto ha llevado a numerosos apagones y un aumento del uso de aire acondicionado, lo que ha encarecido los costos operativos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
El sector turismo, cuya salud es crucial para muchas economías locales, no ha escapado a este fenómeno. Destinos turísticos importantes han experimentado caídas del 10-15% en ocupación hotelera, cancelaciones de vuelos y cierres temporales de servicios, lo que ha resultado en una pérdida de hasta 1,000 millones de pesos en ingresos.
La respuesta del gobierno hasta ahora ha sido mínima, limitándose a recomendaciones generales y la instalación de algunos centros de hidratación. Sin un plan de adaptación climática coherente y una inversión estructural en resiliencia urbana, el país parece estar ignorando las profundas implicaciones de esta crisis climática.
En su conjunto, el calor extremo de junio puede haber costado entre 60 y 90,000 millones de pesos, considerando el efecto en salud, agroindustria, turismo, energía y productividad. Esta situación pone de manifiesto la urgente necesidad de reconocer los costos del calor, que no solo impacta en la salud, sino que también empobrece y desplaza a las comunidades. Sin una acción determinante y coordinada, este fenómeno podría intensificarse en los años venideros, con repercusiones aún más severas.
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