En octubre de 2013, Kerry James Marshall presentó una exposición en el M HKA, el museo de arte contemporáneo de Amberes, Bélgica. Esta fue su mayor muestra en Europa hasta ese momento, pero tristemente, pasó casi desapercibida en la región de Benelux. Sin embargo, doce años después, el mismo artista fue aclamado por un destacado crítico de arte conservador en los Países Bajos como el “mejor pintor vivo”. Esta transición destaca no solo el crecimiento de Marshall, sino también el cambio en la atención que los museos de arte contemporáneo están recibiendo.
Esa falta de atención hacia el M HKA se hizo evidente cuando, en octubre de 2025, el ministerio de cultura de Flandes anunció el cierre de este museo, trasladando su colección al S.M.A.K. en Gante y cancelando un proyecto de €130 millones para la construcción de un nuevo edificio. Esta decisión desata preocupaciones sobre lo que se perderá si el M HKA desaparece. El museo ha sido visto como un laboratorio de desarrollo que conecta formas de arte emergentes y establecidas, con colecciones que reflejan ideas como el internacionalismo euroasiático. Ha realizado exposiciones fundamentales sobre artistas como Jimmie Durham y ha destacado a creadores menos reconocidos de la escena local.
Ante el anuncio del cierre, los artistas y trabajadores culturales en Flandes han lanzado una campaña bajo el lema “Museo en Riesgo”. Estos activistas ocuparon la entrada del museo durante 24 horas, instando a los concejales de Ámsterdam a oponerse a las decisiones del gobierno flamenco. Asimismo, artistas internacionales como Emilia Kabakov y la herencia de Christian Boltanski han solicitado la devolución de sus obras, alegando que pertenecen a Amberes y a su comunidad. Aunque estos esfuerzos para salvar el museo son alentadores, existe el temor de que, si tienen éxito, se regrese a un estado que pocos consideraban aceptable en primer lugar.
La situación es crítica. Durante la última década, el director saliente, Bart de Baere, y su equipo han estado luchando por una nueva infraestructura que solventaría las carencias actuales del M HKA. Sin embargo, ahora, los manifestantes solo pueden exigir la preservación de un estado precario. El trasfondo político sugiere que la decisión se centró en liberar el presupuesto del nuevo edificio, permitiendo que la ministra de cultura, Caroline Gennez, financiara otros proyectos menores. La visión de un nuevo museo parece estar más allá de las posibilidades del actual liderazgo político.
La defensa del M HKA no solo concierne a Amberes, sino que representa un sustrato más amplio en el contexto europeo. Su supervivencia dependerá de que los financiadores del sector cultural reconozcan la necesidad de apoyo a largo plazo, que vaya más allá de demandas inmediatas. En un momento en que los ideales culturales de los años 60 a hoy se desvanecen en fragmentos populistas y neoliberales, se pone en peligro la estabilidad y el futuro de muchos museos europeos, no solo del M HKA.
A medida que se intensifican los esfuerzos de resistencia, la comunidad cultural de Flandes se enfrenta a un dilema crucial: ¿serán capaces de articular y sostener una visión cultural que preserve su legado y apoye las próximas generaciones de artistas? Sin duda, el caso del museo en riesgo de Amberes plantea preguntas fundamentales sobre el valor de la cultura y su lugar en la sociedad contemporánea.
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