El estrecho de Ormuz, vital para el comercio global, se enfrenta a una crisis sin precedentes. Desde el 28 de febrero de 2026, tras el inicio de ataques aéreos por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, esta ruta, que históricamente ha manejado una quinta parte del petróleo mundial, ha quedado prácticamente paralizada. En respuesta, Irán ha implementado restricciones en el acceso al estrecho, intensificando el conflicto en una región ya volátil.
Desde el 1 de marzo de 2026, se han reportado 24 incidentes de seguridad que involucraron buques comerciales, incluidos 11 petroleros. Este alarmante número fue recopilado por la agencia británica de seguridad marítima, UKMTO, y destaca la creciente preocupación sobre la seguridad en las aguas del golfo y el golfo de Omán. Además, la Guardia Revolucionaria iraní reivindicó cuatro ataques adicionales, aunque no confirmados por organismos internacionales, lo que complicaría aún más la situación.
La tragedia también ha dejado marcas humanas: al menos ocho marinos han perdido la vida, con otros cuatro desaparecidos y diez heridos en lo que la Organización Marítima Internacional (OMI) clasifica como incidentes en la zona de conflicto. Esta crisis ha llevado a una caída dramática del 95% en el transporte marítimo habitual. Normalmente, se registran cerca de 120 travesías diarias por el estrecho, pero durante la primera quincena de marzo, los buques de carga apenas realizaron 124 cruces, la mayoría encaminados hacia el este.
El impacto en la industria del petróleo es significativo. Analistas de JPMorgan señalan que el 98% del tráfico de petróleo en el estrecho es de origen iraní, con un promedio de 1.3 millones de barriles diarios a inicios de marzo. La situación se ha vuelto tan crítica que las autoridades chinas están elaborando “algún tipo de plan de salida” para sus grandes petroleros atrapados en la región, subrayando la dependencia de Asia, especialmente de China, del petróleo que transita por esta vital ruta.
El bloqueo ha afectado a aproximadamente 20,000 marinos, junto con pasajeros de cruceros y personal portuario. La OMI estima que al menos 3,200 buques están actualmente en la zona, dos tercios de los cuales son grandes barcos comerciales dedicados al comercio internacional. En este contexto, la consultora marítima Clarksons reportó que alrededor de 250 petroleros están en el Golfo, representando el 5% del tonelaje mundial de buques cisterna de crudo.
Además, el costo de la vida en el mar ha aumentado considerablemente. Los precios del combustible para buques han subido cerca de un 90% desde el inicio del conflicto, lo que ha duplicado el costo de transportar un barril de crudo. Esta escalada de precios recuerda a los incrementos experimentados en 2022, durante la invasión de Ucrania por Rusia.
En el ámbito de las sanciones, más del 40% de los barcos que navegan por el estrecho desde el inicio de la guerra han estado bajo restricciones de Estados Unidos, la Unión Europea o el Reino Unido. De los petroleros y gaseros, un alarmante 56% se encuentra en la misma situación, complicando aún más el panorama marítimo.
Con estas cifras alarmantes y una situación cada vez más tensa, la comunidad internacional observa de cerca el desarrollo de los acontecimientos en el estrecho de Ormuz, un punto crítico para la economía global.
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