Paul Arnhold, un destacado soplador de vidrio de Nueva York, invoca un diálogo único entre creación y colección que ha influido profundamente en su obra y en su enfoque hacia el arte. Como heredero de una de las más significativas colecciones de porcelana Meissen del siglo XVIII, Arnhold explica que su proceso creativo en el vidrio, donde las temperaturas superan los 2,000 grados Fahrenheit, exige decisiones instantáneas y una conexión con el material. Este enfoque, según él, se refleja en su práctica como coleccionista: busca obras que emanen un gesto decisivo y una presencia táctil, aquellas que parece que sólo podían existir en una forma particular.
La colección de Arnhold incluye no sólo las porcelanas que su difunto abuelo donó a la Frick Collection, sino también una variedad de objetos que van desde trabajos en piedra etrusca hasta fotografía contemporánea de Bruce Nauman y Laurie Simmons. Para él, la belleza y la conexión emocional con los objetos son más importantes que su procedencia. “El hilo conductor no es la historia de un objeto, sino lo que encuentro bello y lo que me trae alegría,” afirma. Esta filosofía se entrelaza en su estudio, recordándole que lo contemporáneo es una continuación de largas tradiciones técnicas y estéticas.
En una reciente entrevista, Arnhold compartió su más reciente adquisición: un espejo de bronce etrusco de la Kallos Gallery. Cuando se le preguntó sobre alguna compra que lamenta no haber realizado, respondió con franqueza que prefiere no acumular arrepentimientos. A la pregunta de qué pieza de cualquier museo del mundo le gustaría tener, mencionó “Circus” de Alexander Calder, una obra que se exhibe en el Whitney Museum of American Art.
Arnhold también compartió consejos sobre la colección. “Rodearse de belleza y no dejar que la procedencia sea lo único que guíe tus decisiones” es su lema. Su recomendación para quienes visitan Maastricht por primera vez incluye un paseo por el Stadspark, un espacio verde que ofrece un respiro antes o después de la feria.
Con su enfoque en la conexión emocional con los objetos, Arnhold se dirige a Tefaf Maastricht con anticipación. No es sólo una ocasión para explorar obras de arte, sino un reencuentro con amigos y colegas como Laura Kugel, que trae consigo piezas cargadas de personalidad. Las conversaciones enriquecen su visión y lo mantienen receptivo ante la necesidad de distinguir lo que está vivo en el arte.
En este entorno, la profunda historia familiar de Arnhold en la colección de porcelanas de su abuelo, Henry H. Arnhold, se manifiesta en su día a día a través de las piezas que aún habitan su hogar. Así, el arte no es sólo un espejo del pasado, sino un puente vibrante que conecta generaciones, técnicas e ideas que siguen evolucionando.
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