En abril de 2011, Álvaro Pombo se convirtió en objeto de atención en un mitin político, donde su enérgica presencia dio lugar a un nuevo meme. Aunque algunos de los detalles de su intervención han quedado en el olvido, sus inconfundibles palabras, “u-pey-de”, resonaron en la memoria colectiva. Sin embargo, han pasado quince años desde aquel momento y la figura del escritor ha sufrido una notable transformación. Hoy, enlentecido por el paso del tiempo, Pombo ocupa un espacio reducido, limitando sus apariciones a compromisos literarios ocasionales. En su silla de ruedas, se desplaza con la solemnidad de quienes saben que el universo físico puede hacerse más pequeño, mientras su intellecto sigue siendo vasto y cautivador.
A medida que avanza en años, el futuro ya no se presenta con la misma confianza de la juventud, sino cargado de interrogantes. Esto ha llevado a Pombo a una especie de fervor creativo, donde ha optado por plasmar en palabras tanto como pueda. Sin embargo, desde hace tiempo, su modo de escritura ha cambiado: ya no escribe de manera mecánica, sino que dicta. Su voz fluye a través de Iñaki Laguna, un entrenador personal que ahora se ha convertido en su mecanógrafo. Esta asociación ha permitido que el autor de Santander comparta sus profundas reflexiones y relatos autobiográficos, como los treinta y tres escritos que componen su último volumen, publicado recientemente.
Los temas recurrentes en su obra son reconocibles y reflejan sus obsesiones: la familia, la muerte, la religión, la sexualidad y su tierra natal. En sus cuentos, Pombo adopta distintos seudónimos y personalidades, pero es inconfundible su voz retadora y reflexiva. La influencia de figuras como T.S. Eliot también está presente, resonando en sus pensamientos sobre el hogar y la migración del tiempo. En un artículo de 1988, Pombo expresa cómo ciertas voces literarias se entrelazan en su propia escritura, manifestándose en una singularidad poliédrica que es a la vez única y reconocible.
El hogar de Pombo, ese espacio cargado de recuerdos significativos, se extiende desde el islote de Mouro, que vigila con su faro la bahía de Santander, hasta la yermo finca palentina de La Dehesilla. Este entorno moldeó su niñez y formó parte esencial de su identidad literaria. Sin embargo, el hogar inicial no contaba con la presencia de Iris Murdoch, otro pilar en su proceso creativo. Pombo ha confesado en numerosas ocasiones la profunda conexión que siente con la autora dublinesa, cuya obra ha sido un faro en su propia trayectoria.
El estilo de Pombo, caracterizado por su complejidad, invita a la reflexión profunda. Sus relatos requieren una atención cuidadosa, desafiando al lector a navegar por sus sinuosas frases, muchas veces revelando nuevas capas de significado tras varias lecturas. Así, el universo literario de Pombo, aunque extraño, logra capturar y fascinar a aquellos que se atreven a explorarlo.
Este recorrido por su vida y obra muestra que, si bien el tiempo puede encorvar el cuerpo, no puede apagar la voz y claridad de un autor que sigue resonando en el panorama cultural español, aportando una miríada de reflexiones que iluminan las inquietudes del ser humano.
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