La contaminación plástica se ha convertido en una amenaza inminente para la fauna marina, y un reciente estudio ha puesto de manifiesto sus devastadores efectos sobre los polluelos de pardela parda, una especie particularmente vulnerable. Investigadores que han trabajado a lo largo de 15 años en la isla Lord Howe, Australia, han documentado que la ingestión de plástico por parte de estas aves disminuye drásticamente sus posibilidades de sobrevivir hasta la edad adulta y de regresar a reproducirse.
La investigación, publicada en el Proceedings of the National Academy of Sciences, revela un hecho alarmante: no solo los individuos afectados sufren las consecuencias de la contaminación, sino que este problema podría modificar la evolución de toda la población.
La pardela parda es una de las aves marinas más expuestas al plástico, un fenómeno que ocurre porque sus padres confunden los residuos flotantes con alimento y los entregan a sus crías. Entre 2010 y 2024, los investigadores emplearon registros de captura y recaptura junto con un modelo estadístico para calcular la “probabilidad de reclutamiento”; en otras palabras, la posibilidad de que un polluelo sobreviva en el mar y regrese a la colonia para reproducirse.
Los resultados fueron reveladores. Aquellos polluelos que abandonaron el nido sin plástico en sus estómagos tenían alrededor de un 31% de probabilidad de regresar a reproducirse. Sin embargo, a medida que aumentaba la cantidad de plástico ingerido, esta probabilidad disminuía. Con solo 0.5 gramos de desechos, la probabilidad de retorno caía un 12%. A 2 gramos, el riesgo se reducía cerca del 50%, y a niveles más altos, las opciones de retorno se acercaban a cero.
Este escenario no solo plantea un desafío inmediato para estas aves, sino que también pone en duda cómo se evalúa la salud de las colonias de aves marinas. Si bien el indicador de éxito de emancipación ronda el 60%, este cifra puede ser engañosa, ya que no refleja la mortalidad que ocurre en el océano tras la liberación. Muchas crías pueden salir del nido en condiciones relativamente buenas, pero mueren antes de alcanzar la adultez reproductiva.
El estudio destaca que la ingestión de plástico no afecta únicamente la salud física de los polluelos; también altera una fase crucial de su ciclo de vida que es vital para el sustento de la población. En este contexto, es pertinente señalar que la población de pardelas pardas ya estaba disminuyendo aproximadamente un 1.3% por año desde hace dos décadas, con un estimado de 22,600 parejas reproductoras en 2019.
La disminución constante en el reclutamiento podría sumarse a otras presiones sobre los adultos, acelerando el descenso poblacional. Investigaciones anteriores ya habían identificado problemas de salud en crías, como enfermedades fibróticas relacionadas con la contaminación plástica, así como signos de deterioro neurológico.
Este estudio ofrece un llamado a la acción, sugiriendo la necesidad de ampliar las herramientas utilizadas para evaluar la salud de las aves marinas, abogando por un enfoque más exhaustivo que contemple el bienestar de los jóvenes. La conclusión es contundente: la contaminación plástica está afectando a todas las aves marinas, un impacto que aún no se ha evaluado con la atención que merece.
Finalmente, es crucial recordar que cada año se introducen alrededor de 50 millones de toneladas de residuos plásticos en el medio ambiente, poniendo en grave riesgo a la fauna marina. Es un recordatorio de que las acciones humanas tienen consecuencias profundas y duraderas en nuestro planeta.
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