Brasil da los primeros pasos para iniciar una transición de poderes tras las elecciones presidenciales que dieron la victoria a Lula, pese a que el derrotado sigue sin comparecer en público ni aceptar el resultado 40 horas después del fin del recuento. Mientras, los bolsonaristas expresan su rabia con cortes de carreteras por todo Columna Digital que por ahora no han interrumpido suministros. El equipo de Luiz Inácio Lula da Silva mantuvo en la tarde-noche del lunes los primeros contactos con el Gobierno que debe entregarle el poder el próximo 1 de enero. Aunque Bolsonaro no ha reconocido todavía la victoria de Lula, los contactos entre ambas partes fueron cordiales.
El vicepresidente, el general retirado Hamilton Mourão, conversó por teléfono con su sucesor electo el domingo, Geraldo Alckmin, antiguo adversario convertido en aliado y número dos de Lula en nombre de la democracia. Y en paralelo, la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), Gleissi Hoffman, habló también por teléfono con el ministro de la Casa Civil, Ciro Nogueira, similar a un primer ministro. Técnicamente, la transición solo comienza cuando el ganador de los comicios, Lula, nombre una comisión para ese cometido. Se espera que sea en breve. Y, según lo que estipula la ley sobre transiciones, el presidente saliente podría entorpecer el proceso pero no impedirlo.
El bolsonarismo está expresando su disgusto con bloqueos de autopistas. Y en redes sociales, con expresiones de lamento, declaraciones de tono golpista y oraciones por “el capitán”, en referencia a Bolsonaro, y por el futuro de su patria. Los camioneros, un gremio afín al presidente de extrema derecha y poderoso en este país donde el transporte viario es vital, empezaron a cortar carreteras el mismo lunes y este martes continúan mientras la policía va reabriendo vías. La situación es muy cambiante, pero la policía estima que ha habido unos 450 cortes hasta este martes por la mañana.
Es la primera vez que en Brasil el perdedor de unas elecciones se demora tanto en admitir públicamente el resultado. Bolsonaro parece realmente noqueado desde que el domingo por la noche sufrió la primera derrota en más de tres décadas de carrera política; fue diputado antes de alcanzar la jefatura del Estado. El resultado de estas presidenciales fue reñido como nunca en la cuarta democracia del mundo. Lula logró el 50,9% y Bolsonaro el 49,1% de los votos y Brasil quedó dividido en dos mitades. De todos modos, el entorno familiar y político de Bolsonaro fue gradualmente asumiendo la derrota ante el electorado con mensajes en redes sociales a partir del lunes por la tarde.
Lula, antiguo sindicalista y fundador del PT, en cambio, sabe bien lo que es perder. Tres veces fracasó en el intento antes de alcanzar la Presidencia por primera vez en 2003. Este será su tercer mandato tras un intervalo de 12 años desde que abandonó.
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Aliados de Bolsonaro están enviando mensajes contradictorios a sus fieles. Tampoco es la primera vez. Mientras algunos llaman a desobedecer las decisiones emanadas del Tribunal Supremo, el gobernador reelecto de Minas Gerais, Romeu Tema, que pidió el voto para Bolsonaro, ha ordenado reabrir las carreteras y ha declarado en un vídeo de Instagram: “Las elecciones acabaron y la ley está para cumplirla”. Si las interrupciones proliferan o se prolongan, podría afectar gravemente a la distribución de suministros.
El portavoz oficioso más relevante del presidente durante este prolongado silencio fue el primogénito y coordinador de la campaña, Flávio Bolsonaro, que lanzó un mensaje en Twitter: tras dar las gracias, destacó que su padre jamás había obtenido semejante cifra de votos (58 millones, 400.000 más que hace cuatro años) y pidió los seguidores: “¡Sigamos con la cabeza alta, no desistamos de Brasil! ¡Dios al mando!”.
Que la victoria sea por la mínima y las constantes referencias a un supuesto fraude en las urnas proferidas por el ultraderechista durante toda la campaña, aunque sin mostrar pruebas, hacían temer que adoptara una actitud similar a la de Donald Trump en Estados Unidos que, además de impugnar los resultados por la vía legal, instó a los suyos a contestarlos con protestas, lo que culminó con el asalto violento al Capitolio el 6 de enero de 2021.
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