La aviación latinoamericana se encuentra ante una disyuntiva: podría despegar gracias a su vasta geografía, poblaciones crecientes y economías en expansión, pero enfrenta serios obstáculos que limitan su crecimiento. Willie Walsh, director general de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), expuso este dilema durante la 82ª Asamblea General Anual de la organización en Río de Janeiro, afirmando que si los impuestos y las cargas regulatorias continúan elevados, el vasto potencial de la región permanecerá inexplorado.
El reciente desempeño del tráfico aéreo en América Latina y el Caribe respalda este diagnóstico. En abril de 2026, el número total de pasajeros alcanzó los 39.2 millones, lo que representa un crecimiento interanual del 1%. Sin embargo, esta cifra contrasta notablemente con los 45.1 millones de pasajeros movilizados en enero, donde el crecimiento fue del 6.2%, impulsado principalmente por la conectividad interna y regional. Este descenso en la actividad aérea se atribuye a una desaceleración en los mercados clave de Brasil y México, los motores económicos de la región.
Un foco especial de crítica es el caso de Perú. Walsh advirtió que si Lima decide implementar una tasa sobre el tráfico de transbordo, los pasajeros buscarán alternativas en otros destinos. Este fenómeno demuestra una verdad frecuentemente subestimada por los gobiernos: la demanda aérea es altamente elástica ante los costos. En Brasil, por ejemplo, una carga impositiva del 26.5% sobre los boletos desincentiva el turismo hacia un país que, a primera vista, cuenta con uno de los destinos más atractivos de la región.
La problemática se complica con el alto costo del combustible, exacerbado por la volatilidad cambiaria. Las aerolíneas en América Latina son reconocidas por su buena gestión, pero enfrentan márgenes de beneficios restrictivos en comparación con sus contrapartes globales. A pesar de mover grandes volúmenes de pasajeros y generar significativas derramas económicas por turismo y conectividad, su rentabilidad directa se halla en mínimos preocupantes.
El caso de México ilustra esta dualidad. Aunque el país presenta oportunidades de crecimiento, lo hará a un ritmo más pausado debido a su mercado más maduro y a los desafíos impuestos por la calificación de categoría 2 de la FAA de Estados Unidos, que podría volver a ser un tema candente. La situación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) también genera inquietudes. Con limitaciones en la asignación de slots, el AICM recibió 44.5 millones de pasajeros en 2025 y se estima un crecimiento del 10% para 2026. Sin embargo, la infraestructura de tierra es un factor limitante que impide maximizar las operaciones aéreas permitidas.
El mensaje de la IATA para los gobiernos de la región, aunque puede resultar incómodo, es inequívoco: entornos operativos competitivos atraen más tráfico aéreo, generan beneficios económicos considerables y son más resilientes frente a crisis. En un contexto donde la conectividad interna sigue subdesarrollada en muchos países, mejorar esta situación se vuelve crucial para el crecimiento económico y el bienestar del consumidor.
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