El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha lanzado una alerta sobre las implicaciones globales del reciente aumento en los precios del crudo, una situación que ha surgido a raíz del conflicto en Medio Oriente. En una conferencia de prensa realizada el 15 de abril de 2026, la portavoz del FMI, Julie Kozack, destacó el impacto inflacionario que estas alzas están generando a nivel global.
Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, el precio del petróleo había experimentado un ascenso del 35% en marzo, aunque desde entonces el incremento se ha moderado a un 3%, gracias a los diálogos entre Washington y Teherán que buscan desescalar el conflicto. Kozack subrayó que la mayor parte del aumento de precios se produjo cuando se interrumpieron los envíos a través del estrecho de Ormuz, un paso clave en el transporte de petróleo.
Los mercados petroleros reflejan un optimismo cauteloso sobre la potencial reapertura de esta vía. Sin embargo, Kozack advirtió que los inventarios globales de crudo, que previamente sobrepasaban los 8.000 millones de barriles, se están reduciendo, y se prevé que para julio caigan a un mínimo de cinco años, aproximadamente 7.500 millones de barriles. Esta reducción ha llevado a que otros productos derivados del petróleo, como el queroseno para aviación, aumenten sus precios en un 35%, mientras que la gasolina ha subido cerca del 40%.
Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también ha revisado sus previsiones económicas, anticipando que el conflicto en Medio Oriente inducirá un crecimiento menor y una inflación más elevada a nivel global en 2026. De acuerdo con su informe titulado “Bajo presión”, se proyecta una caída del crecimiento mundial del 3,4% en 2025 al 2,8% en 2026 si la situación de incertidumbre persiste. Si el conflicto se extiende hasta 2027, la proyección de crecimiento podría caer aún más, alcanzando un 2,1% en ese año.
Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, advirtió que el choque energético es considerable y está generando costos crecientes y una mayor incertidumbre para hogares y empresas en todo el mundo. Esta situación es especialmente crítica para las economías asiáticas y los países en desarrollo que dependen de importaciones de la región.
Mientras los mercados esperan una resolución al conflicto, en América Latina se han comenzado a sentir las repercusiones, notándose un aumento en los rendimientos de los bonos soberanos de 10 años y un escalón en los precios de los fertilizantes, que son vitales para la agricultura. La OCDE ha señalado que, si estos costos continúan ascendiendo, podrían trasladarse a un aumento en los precios de los alimentos.
El panorama internacional es complejo, dado que, a pesar de un cese de fuego anunciado el 8 de abril, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán siguen en un punto muerto. La OCDE prevé que los efectos económicos del conflicto se prolonguen mucho más allá de su resolución, impactando las cadenas de suministro y la interacción entre los mercados energéticos.
Las proyecciones para las principales economías reflejan un crecimiento moderado para EE. UU. del 2% en 2026, mientras que China se quedaría en un 4,5%. En la zona euro, se prevé un crecimiento más modesto de un 0,8%, con España destacándose con un 2,2% en comparación con Alemania y Francia, ambas estimadas en un 0,7%.
Los datos aquí descritos se refieren a la situación del 5 de junio de 2026, y se espera que las tensiones y los ajustes en los mercados energéticos sigan siendo un tema crucial en la agenda económica mundial en los meses por venir.
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