El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha suspendido el acceso de los talibanes a sus préstamos. El acuerdo se suma a la decisión de Estados Unidos de bloquear el acceso de los extremistas islámicos a las reservas afganas depositadas en la Reserva Federal. No está claro cómo estas medidas van a influir en las actuaciones del grupo, que en un paseo militar sin apenas resistencia se ha hecho con el control del país asiático. De momento, los afganos están teniendo dificultades para recuperar sus ahorros y su moneda sigue depreciándose.
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Apenas corrieron los primeros rumores de que los talibanes se acercaban a Kabul. Los habitantes de la capital corrieron a los bancos para hacerse con dinero. Para su sorpresa, el Gobierno de Ashraf Ghani había limitado las retiradas de efectivo. El pasado miércoles, los cajeros automáticos estaban vacíos, tal como tuiteó el periodista Bilal Sarwary. Quien a las puertas de su banco se encontró a una señora que le dijo: “Los talibanes tienen que asegurarse de que los bancos también operan muy pronto”.
Eso va a ser complicado si dejan de recibir fondos del exterior. A no ser que le den a la máquina de imprimir billetes y el afghani, ya muy depreciado respeto a las divisas de referencia, pierda todos su valor. Que vuelvan a recibir dinero depende del reconocimiento del régimen talibán por parte de otros países, algo que de momento no se ha producido y que resulta complicado con los talibanes en la lista de grupos terroristas de la ONU. Entre tanto, la ausencia de efectivo sólo puede alimentar el malestar de los afganos.
“Existe falta de claridad en la comunidad internacional respecto al reconocimiento del Gobierno de Afganistán, como consecuencia de la cual el país no puede acceder a DEG u otros recursos del FMI”, explica un portavoz del organismo en un mensaje enviado a los medios. Los DEG, o Derechos Especiales de Giro, son la unidad de cambio del FMI y se calcula en libras esterlinas, dólares, euros, yenes y yuanes. Acceder a haberes en DEG permite convertirlos en moneda respaldada por el gobierno.
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El FMI tenía previsto el envío a Afganistán de 370 millones de dólares (317 millones de euros) para el próximo 23 de agosto. Estos fondos eran parte de una asignación de 650 millones aprobada recientemente como parte su respuesta a la crisis económica global por la pandemia.
Con anterioridad, portavoces de la Administración Biden declararon a varios medios que los talibanes no iban a tener acceso a los haberes del Gobierno afgano depositados en su país. El director del Banco Central afgano, Ajmal Ahmady, que huyó del país el pasado fin de semana. Ya anunció en su Twitter que Washington había cortado el acceso a esos fondos. Según Ahmady, la Reserva Federal guarda 7.000 millones de dólares de los 9.000 millones en los que estimaba las reservas afganas la semana pasada.
“Escribo esto porque me han dicho que los talibanes están preguntando al personal del Banco Central sobre el paradero de los haberes. Si esto es cierto, está claro que necesitan añadir un economista a su equipo con urgencia”, explica Ahmady antes de asegurar que las reservas afganas están a salvo y ofrecer un desglose de su distribución. Dicho lo cual, el ya exgobernador del Banco Central también admite que, “debido al gran déficit por cuenta corriente de Afganistán”, también depende de la llegada de dinero físico cada pocas semanas, pero que esos envíos se habían cancelado días atrás “debido al deterioro de la situación de seguridad”.


