Para Philipp Blom, los seres humanos apenas se distinguen del resto de los primates y, aunque “somos más aptos para el pensamiento simbólico, nuestros impulsos, nuestros instintos y nuestros reflejos sociales nos siguen anclando (…) en una época en que la vida era corta, brutal y muy sencilla”.
“Somos”, sentencia, “primates que han aprendido a sobreestimarse exageradamente”. Desde luego dicha característica define con acierto el comportamiento literario y comunicativo de este doctor en Historia Moderna por Oxford.
Más que historiador, Blom parece un contador de historias, en las que la eficacia del relato prima necesariamente sobre la investigación. Sus brillantes teorías no se ven siempre corroboradas por el rigor de los hechos. Hay que reconocer que leerle es una actividad más que entretenida y, al margen errores o exageraciones, bastante didáctica.



