#Nicaragua #RonaldoAlvarez | El pasado diez de enero la justicia sandinista remitió a juicio a monseñor Álvarez, voz central de la Iglesia católica perseguida en Nicaragua, y lo acusó por los supuestos delitos de “conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional”. A pesar de los cargos, el obispo ha sido mantenido bajo casa por cárcel desde su arresto en agosto de 2022, cuando una tromba policial irrumpió de madrugada en la casa cural de Matagalpa y lo secuestró junto a otros sacerdotes y laicos que lo acompañaban.
Después de ser mantenido bajo la figura de facto de “resguardo domiciliario” todos estos meses, la apertura del juicio contra el obispo Álvarez es la intención para intentar deshacerse de la voz pastoral más crítica en el país. Antes de ser acusado, el Gobierno le ofreció a Álvarez “destierro”. Sin embargo, el religioso se ha negado en todo momento a “abandonar su patria”. A pesar de las presiones sobre el líder católico, el régimen no ha logrado enviarlo al exilio, como sí lo consiguieron con el obispo Silvio Báez, radicado en Miami desde abril de 2019.
En el caso de Báez, el Gobierno consiguió “negociar” su salida con el Vaticano. No obstante, con monseñor Álvarez la Santa Sede ha mantenido una actitud silenciosa, pero sin retirarle su nombramiento como obispo de Matagalpa y Administrador Apostólico de Estelí. “Están viendo el juicio como un impasse, pero el gobierno mantiene sobre la mesa la propuesta de destierro o cárcel para monseñor Álvarez. Como no han podido doblegar al obispo, por eso inician el juicio”, dice una fuente religiosa que pide anonimato.
Analistas políticos y fuentes religiosas coinciden que el régimen Ortega-Murillo no ha enviado a prisión a monseñor Álvarez por el peso moral de su figura, a diferencia como lo hicieron con los sacerdotes y laicos que fueron arrestados junto a él. La “carta” que juegan con el obispo ha sido más de presión, pero “no ha funcionado al punto que suben la parada con este proceso penal”, continúa la misma fuente consultada.
Hace una semana, el presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), monseñor Carlos Herrera, reveló al medio Despacho 505 que la dictadura inició “recientemente conversaciones” con el Vaticano “para abordar la situación” del obispo Álvarez.
“No te puedo decir mucho, porque son cosas de Estado, pero todavía se está en ese proceso, en ese diálogo con la Santa Sede… para aclarar por qué lo están acusando [a Álvarez]”, informó Herrera al medio digital.
José Antonio Canales, obispo de la Diócesis de Danlí, en Honduras, ha afirmado que con este acercamiento con el Vaticano, el régimen sandinista está apostando por el destierro de Álvarez, porque “sabe que en Nicaragua no podrá amilanarlo”. “Suponemos que ese es el ofrecimiento que le han hecho a monseñor Álvarez: o se queda callado en Nicaragua, cosa que él no va a hacer porque su carácter y su forma de ser lo impide, o se va al exilio”, dijo Canales, en referencia al talante rebelde del obispo de Matagalpa.
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