En un acontecimiento histórico para la cultura indígena de México, el gobierno federal, a través de Claudia Curiel de Icaza, titular de la Secretaría de Cultura, ha celebrado la reciente inclusión de la Ruta Wixárika en la lista de patrimonio mundial de la Unesco. Esta inscripción marca un hito significativo, ya que es la primera vez en América Latina que una expresión cultural relacionada con una tradición indígena viva recibe tal reconocimiento a nivel internacional.
La funcionaria destacó la relevancia de esta declaratoria en un periodo de transformaciones democráticas en el país y subrayó que actualmente las políticas públicas se centran en brindar apoyo a los pueblos originarios y afromexicanos. Esta incorporación de la Ruta Wixárika representa una reafirmación de la riqueza cultural de México, aumentando el total de inscripciones a 36, lo que posiciona al país como el primero en América y el séptimo a nivel mundial en cuanto a bienes reconocidos en esta categoría.
Diego Prieto Hernández, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, enfatizó que este reconocimiento subraya la importancia y la profundidad de uno de los pueblos originarios más emblemáticos: los wixáritari. Este grupo y otros pueblos nativos como los na’ayeri, o’dam y meshikan han manifestado su conexión con un territorio simbólico que ha sido protegido mediante un decreto institucional histórico, promulgado el 9 de agosto de 2023 por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El antropólogo añadió que esta ruta, que comprende más de 20 sitios sagrados, representa un camino de peregrinaje ancestral, activo y actual, que permite a los wixaritari llevar a cabo rituales cruciales para mantener su relación de respeto con la tierra y garantizar la prosperidad de sus cultivos, especialmente el maíz. La tradición wixárika ha mostrado una notable resistencia a lo largo de los siglos, convirtiéndose en un testimonio excepcional de las culturas originarias de México.
La reciente inscripción de la Ruta Wixárika responde a un anhelo que los wixaritari han alzado durante décadas para proteger sus lugares sagrados, y que ha encontrado eco en el gobierno mexicano. Este logro no solo es un acto de justicia cultural, sino también un recurso esencial para la preservación de esta tradición ante los peligros que conllevan el desarrollo industrial, las actividades mineras y las amenazas sobre el hikuri, la planta sagrada de esta comunidad.
Este reconocimiento de la Unesco no solo realza la herencia cultural de los wixáritari, sino que también pone de relieve la necesidad de valorar y proteger la diversidad cultural y espiritual que enriquece a la humanidad. La protección de estas tradiciones es un compromiso que el Estado mexicano ahora sostiene ante la comunidad internacional, con la esperanza de que se continúe respetando y promoviendo este legado invaluable.
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