¿Es el cine sobre el duelo una forma de arte o simplemente una manipulación emocional? Este dilema, que ha existido en diversas formas, aparece con fuerza en la reciente producción cinematográfica que aborda la pérdida. La diferencia entre el “duelo-porn” y el “duelo-arte” es una cuestión que merece reflexión. Mientras que el primero busca explotar el dolor humano con fórmulas predecibles, el segundo logra evocar emociones verdaderas y universales.
El contexto en el que surge esta pregunta es relevante. Un ejemplo notable es la adaptación de “Hamnet”, la novela de Maggie O’Farrell, que dramatiza la tragedia de la muerte del hijo de William Shakespeare por la peste a tan solo 11 años. A través de las actuaciones de Jessie Buckley y Paul Mescal, la película busca conectarse con la profunda tristeza de esta experiencia. Según críticos, su esplendor visual y diálogos ingeniosos presuponen un nivel artístico, pero la percepción de estos momentos de dolor varía entre los espectadores.
La narrativa del duelo se centra en la experiencia emocional del protagonista, una experiencia que se refleja en cómo el público responde a las escenas de tristeza. Si un espectador no se siente impactado, puede que esta emocionalidad le parezca manipulativa. Esto se convierte en un ciclo en el que solo se puede definir la obra como arte si uno siente estas emociones profundamente.
Las representaciones femeninas del duelo, como se observa en el personaje de Buckley, sugieren que las mujeres experimentan esta conexión de forma más u otra. La relación con los elementos de la naturaleza, especialmente las aves, se utiliza como un símbolo recurrente en estas narrativas. Por ejemplo, en “H Is for Hawk”, se muestra cómo una mujer se une a un ave de presa tras la muerte repentina de su padre. Esta conexión simboliza una lucha interna entre la aceptación y la negación.
Un rasgo distintivo del “duelo-porn” es la incapacidad para incluir el humor. Las producciones que abordan el duelo de manera seria a menudo omiten la comicidad inherente a la experiencia humana, dejando poco espacio para la risa, incluso en las situaciones más absurdas. Esta ausencia de humor, que también se ve en “Tuesday” con Julia Louis-Dreyfus, podría ser un indicador de las limitaciones del “duelo-porn”.
La evolución de las narrativas sobre el duelo en el cine podría sugerir que las mujeres, representadas como las que sienten con más profundidad, tienen un papel protagónico en la representación del dolor. Al mismo tiempo, también se critica cómo los hombres son retratados en estos contextos. Cuando un personaje masculino busca consuelo en un animal, como ocurre en “The Thing With Feathers”, ese apego se considera una falla en la comunicación emocional en lugar de una forma auténtica de duelo.
A medida que este género evoluciona, sigue siendo intrigante cómo se interpretan estas representaciones y qué significado se extrae de ellas. Ya sea que la obra se considere “duelo-porn” o “duelo-arte”, no hay nada de malo en disfrutar de estas narrativas. Cada espectador interactúa con el arte de una manera única, y esa es, en última instancia, la belleza del cine.
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