El famoso tapiz de Bayeux, una obra maestra del arte medieval, vivió un emocionante traslado el pasado septiembre, cuando se trasladó de su hogar en Bayeux, Francia, a Londres. Con una historia que abarca casi mil años, este tapiz, que narra la conquista normanda de Inglaterra, fue objeto de una meticulosa planificación para garantizar su seguridad durante el viaje.
El ingenio de esta operación estuvo en manos de la empresa de arte e ingeniería SMACH. Al encontrarse con la dificultad de rotar el tapiz para su almacenamiento, los expertos de SMACH idearon un dispositivo innovador, conocido como le paravent, diseñado para permitir el pliegue del tapiz en un soporte que se asemeja a una pantalla japonesa. Este dispositivo permitió que el tapiz se asegurara entre capas de protección, mientras se transportaba sin alterar su estado.
El traslado inicialmente estaba previsto para una distancia corta, de poco más de 300 metros a un espacio de almacenamiento. Sin embargo, la logística cambió abruptamente, ampliando la distancia a 300 millas hacia Londres, lo que generó preocupación dentro de todo el equipo involucrado. Cécilia Gauvin, cofundadora de SMACH, expresó el nerviosismo del equipo ante este cambio inesperado: "La atmósfera no era la mejor, pero teníamos que llevarlo a cabo".
El plan de transporte fue complementado por una colaboración con Hizkia, una firma de envío de arte, que desarrolló una gran caja alrededor del paravent, protegiéndolo con un marco de aluminio. La principal incertidumbre del operativo giraba en torno a las vibraciones permitidas durante el trayecto. La condición establecida para el préstamo del tapiz especificaba que las vibraciones no debían exceder los dos milímetros por segundo, un reto nada trivial.
Para mitigar esta preocupación, Hizkia se asoció con Kerstin Kracht, una científica experta en tecnología de vibraciones. Kracht se sumó al proyecto, abordando el problema como un complejo rompecabezas de sistemas, donde cada elemento afectaba el comportamiento vibracional global. Durante una prueba en febrero, descubrieron que el paravent amplificaba las vibraciones, superando el límite establecido, lo que llevó a un profundo desánimo en el equipo.
No obstante, Kracht, lejos de desalentarse, encontró una visión diferente del desafío. Aclaró que la medida de milímetros por segundo puede ser engañosa, ya que no define adecuadamente la seguridad de la obra. Su explicación, utilizando la analogía de un bebé en una cuna, ayudó a los involucrados a comprender que el tipo de movimiento podía ser más crucial que la cantidad de vibración.
Finalmente, tras varias videoconferencias, el grupo se convenció de que el tapiz podría viajar con seguridad, y al llegar a Londres, se comprobó que las vibraciones experimentadas eran menores que las causadas por la simple actividad de los visitantes en un museo.
Este traslado no solo representó un importante logro logístico, sino que también destacó la capacidad de colaboración entre expertos de diversas disciplinas para proteger uno de los tesoros culturales más significativos de la historia.
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Datos basados en información reportada originalmente por newyorker.com.






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