El Metropolitan Museum of Art está a punto de llevar a cabo una exposición significativa titulada “Krasner and Pollock: Past Continuous”, programada para abrir en octubre. Este evento marcará un hito al colocar en el centro de atención a dos de las figuras más influyentes del movimiento expresionista abstracto: Lee Krasner y Jackson Pollock. Con más de 120 obras expuestas de más de 80 prestadores, la muestra busca considerar a ambos artistas “en sus propios términos”, así como su interrelación.
Sin embargo, si bien el museo presenta esta exposición como una narrativa de igualdad, el mercado del arte cuenta una historia muy distinta. Jackson Pollock continúa siendo visto como un trofeo de la historia del arte del siglo XX con un récord de subasta de 61.2 millones de dólares. En contraste, la carrera de Lee Krasner, su esposa y compañera creativa, todavía lucha por un reconocimiento equitativo, con su récord de subasta más alto alcanzando solo 11.7 millones, un 20% de lo que logró Pollock.
A pesar del avance en la evaluación académica de Krasner y exposiciones retrospectivas destacadas que la han situado fuera de la sombra de su marido, la disparidad de precios entre los dos persiste. Esta brecha puede atribuirse a varios factores, incluido el legado cultural que ha romanticizado la figura del genio masculino en el arte, en contraste con la imagen más trabajadora y menos excéntrica de Krasner.
La escasez en el mercado es otro aspecto crucial. Muchos coleccionistas desean obras de Krasner en estilos específicos—grandes, coloridas y fácilmente identificables—sin embargo, estas no siempre están disponibles a precios accesibles. Saara Pritchard, socia de Fair Warning con experiencia en casas de subastas reconocidas, menciona que es común que los compradores busquen obras de Krasner por debajo de 3 millones de dólares. Su respuesta suele ser directa: “Buena suerte”.
Desde 2016, se han hecho esfuerzos deliberados para revitalizar el mercado de Krasner. Kasmin Gallery, con derechos de venta a través de la Fundación Pollock-Krasner, llevó una obra emblemática a Art Basel Miami Beach, donde se vendió por alrededor de 6 millones de dólares. Esta transacción ha resonado en el mercado, y desde entonces, algunas de las obras mejores de Krasner han encontrado compradores en el mercado privado, a precios que a veces superan las cifras de subasta.
A pesar de que el número de obras de Krasner en subastas ha disminuido drásticamente en comparación con artistas como Helen Frankenthaler, su precios han experimentado un aumento significativo desde 2015, con un promedio cercano a los 2.8 millones de dólares. No obstante, la cantidad de obras disponibles públicamente ha sido limitada, lo que ha impedido un mercado más robusto y líquido.
El anuncio de la exposición en el Metropolitan puede ser un catalizador que impulse el mercado de Krasner. La retrospectiva de 2019-2020 en Barbican fue el último gran esfuerzo institucional, pero no logró generar un cambio sostenido en los EE.UU. Ahora, el Met, presentando un recorrido completo de la práctica de Krasner, tiene el potencial de llegar a un público más amplio y motivar a los coleccionistas a reevaluar su obra.
Pronto, dos de sus obras saldrán a subasta en Christie’s, incluyendo “Lotus” de 1972, con una estimación de 1.8 a 2.5 millones de dólares, y “Volcanic” de 1951, con un rango de 1 a 1.5 millones. Estos eventos podrían mapear el problema subyacente en el mercado, reflejando el dilema de valorar de manera equitativa diferentes etapas de su carrera.
La historia de Krasner es la de una artista que trasciende los límites y estándares impuestos por una sociedad que, durante décadas, privilegió la figura del hombre en el arte. Su reconocimiento está aún en evolución, y el verdadero potencial de su mercado depende de la disposición de los coleccionistas a valorar la diversidad de su trabajo, más allá de las obras más “digestibles”.
El Met tiene la oportunidad de presentar a Krasner como una figura igual a Pollock. La cuestión que surge es si el mercado estará preparado para seguir esa dirección, no solo por aumentar las pujas en obras familiares, sino por reconocer la totalidad de su legado artístico.
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