Por Alberto Ramírez Rivera
La actitud mezquina, vulgar, autoritaria y cobarde de AMLO ante los medios de comunicación es fácil de explicar, sin temor a equivocarse: los periodistas le hacen ver que su gobierno quedará como el peor de toda la historia de México.
Esto lo saben representantes de Morena que ocupan el legislativo, el gobierno y el gabinete gubernamental, pero no lo dicen porque cuidan su puesto de privilegio donde dicen que trabajan.
López debe entender que un periodista que critica su mal gobierno es, aparte de valiente y con ética, un intelectual completo, conocedor de todo lo que concierne en el acontecer de la vida diaria.
Una persona de una categoría superior que reviste su calidad moral en toda la extensión de la palabra, pues con base en ello no solamente muestra a la sociedad con pruebas o “pelos en la mano” los errores del gobierno de Morena, sino que ya lo hizo y lo hace con los demás, sean del partido político que sea.
Lo que distingue a este periodista del simple periodista o falso periodista (como lo son algunos que asisten a la mañanera), es que busca y analiza los hechos con una perspectiva histórica y se anticipa al proceso de su gravidez.
El simple periodista (de los falsos periodistas no me ocupo, son simples lamebotas de los gobiernos en turno para sacar algún provecho) es un mero anotador de sucesos. O, como escribió en su momento Fiodor Dostoyevski: “un escribano sin lontananzas ni horizonte”.
Apuntaba Julio Scherer García en su libro Estos Años: “La sangre del político no es igual a la sangre del periodista. Corren por venas distintas: no hay manera de unir sus torrentes sin envenenarlos”.
El político, cuando logra el poder, le tiene miedo a la prensa libre. No respeto, miedo. Ello, porque teme perder la influencia, el dinero y el privilegio, y a sufrir las consecuencias de su ambición, sus mentiras, cobardías y delitos.
López teme que por su pésimo gobierno los medios masivos lo denuncien y exhiban públicamente ante el pueblo ignorante que lo llevó al poder mediante engaños. Por eso los ataques sin pruebas a la prensa, basados en calumnias y mentiras que rayan en una actitud sin dignidad.
“Quienes tienen el poder o aspiran a tenerlo, no siempre están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre; basta ver las ruedas de prensa sin preguntas, el rechazo a las comparecencias públicas y los debates electorales donde son los políticos, y no los periodistas, quienes deciden el formato”, afirmaba el periodista español Arturo Pérez-Reverte al recibir el premio Columnistas del Mundo 2015.
Sucede en España. En México es lo mismo con las conferencias mañaneras, donde la organización y formato de las mismas las decide el que ocupa Palacio Nacional y no el equipo de Comunicación Social.
Sin ese miedo que los gobiernos tienen a la prensa que exhibe su inutilidad y corrupción en todo, la tiranía que los caracteriza se volvería más descarada. Y en suma ¿a qué presidente de un país le gusta que lo expongan ante quienes lo llevaron al poder?
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