Mientras los mercados estadounidenses se muestran cada vez más escépticos sobre el potencial de la inteligencia artificial (IA) como motor de crecimiento, cuestionando las altas valuaciones de numerosas empresas, México comienza a experimentar un impacto positivo generado por un auge en la inversión en infraestructura para IA. Este ciclo de inversión, que ha sorprendido a muchos inversionistas, se ha vuelto un aliciente fresco para una economía mexicana que ha enfrentado estancamiento en años recientes.
Las cifras que presenta el comercio exterior son contundentes. En junio, México reportó exportaciones por un total de 72,551 millones de dólares, lo que refleja un aumento del 34.4% en comparación con el año anterior. Este ha sido el mejor semestre en la historia con un acumulado de 389,723 millones de dólares. Este fenómeno podría atribuirse al nearshoring, que finalmente parece estar tomando forma. Sin embargo, al profundizar en los datos, se observan otros factores en juego. Durante el semestre, la manufactura no automotriz creció un sorprendente 37.6%, mientras que el sector automotriz, históricamente el pilar de la economía, apenas logró un avance del 1% tras tres trimestres consecutivos de contracción.
El contraste se volvió aún más evidente en junio, periodo en que las exportaciones no automotrices alcanzaron los 49,000 millones de dólares, representando un notable 88% del crecimiento total. Los datos complementarios proporcionados por el U.S. Census Bureau respaldan esta tendencia: entre enero y mayo, México exportó a Estados Unidos 63,750 millones en infocomunicaciones, que incluyen servidores y equipos de red, lo cual constituye el 82% de las exportaciones tecnológicas avanzadas que realiza el país.
Un análisis realizado por Michael Waugh en el National Bureau of Economic Research (NBER) destaca que los bienes relacionados con la IA representan ya el 23% de las importaciones de Estados Unidos y han crecido un impresionante 73% desde 2023, en contraste con un 3% en el resto de las importaciones. México y Taiwán capturan aproximadamente la mitad de este crecimiento.
Este repunte se debe en gran medida a un aumento significativo en el gasto de capital (capex), que ha alcanzado cifras sin precedentes. En 2025, la inversión privada en centros de datos en Estados Unidos llegó a 102,000 millones de dólares, lo que representa un incremento del 30% con respecto al año anterior. Se estima que los grandes hyperscalers han presupuestado alrededor de 750,000 millones de dólares para 2026. Wood Mackenzie pronostica que el mercado de equipos eléctricos para centros de datos podría incrementar de 20,000 millones en 2026 a 65,000 millones en 2030, generando así una demanda sin precedentes que impulsa las exportaciones manufactureras de México en el sector no automotriz.
No obstante, desde la perspectiva de políticas públicas, es vital comprender la dinámica en juego. Los datos sugieren que el valor agregado que se queda en México es relativamente bajo. Un análisis del Banco Base muestra una correlación cercana (0.97) entre las importaciones mexicanas de chips, memorias y componentes y las exportaciones de unidades procesadoras. Por cada dólar de insumos importados, prácticamente se exporta un dólar en productos terminados. Un alarmante 91% de estas importaciones son partes y accesorios provenientes del sudeste asiático. Según la OCDE, 34 de cada 100 dólares que México exporta son, en realidad, valor extranjero que simplemente pasa por el país para ser ensamblado.
Este fenómeno no es nuevo. En noviembre de 2022, se advirtió que, sin una política industrial activa, México podría terminar con inversiones que generen empleos mal remunerados, concentrados en ciertas ciudades fronterizas y en el Bajío, donde Chihuahua y Jalisco concentran actualmente el 79% del sector. Aunque el Plan México reconoce la necesidad de escalar hacia la producción de semiconductores y placas de circuitos impresos, estas afirmaciones no son suficientes. Si el próximo presupuesto no incluye incentivos claros para la inversión en semiconductores, así como la infraestructura energética necesaria para el corredor noreste-Bajío, este auge será recordado como una oportunidad perdido, donde se permitió que el país se convirtiera solo en un punto de ensamblaje, sin aprovechar su posición geográfica.
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