En una noche fría de invierno en Los Ángeles, se llevó a cabo una manifestación singular: un grupo de artistas, en lugar de levantar pancartas o gritar consignas, eligió recitar poemas y realizar actos de improvisación antifa en un ambiente íntimo, en The Glendale Room. Este acontecimiento, parte de la serie mensual Unquiet: A Night of Creative Resistance, pone de manifiesto la respuesta creativa a los ataques del gobierno de Trump contra las artes y las comunidades.
Chris Kessler, un poeta y escritor, reafirmó el poder del arte como medio de movilización. “Si tienes talento o habilidades como comunicador, puedes mover a las personas”, afirmó, enfatizando la importancia de inspirar un sentido de colectividad frente al fascismo. La serie Unquiet, orquestada por la poeta Sara Candela, no es un fenómeno aislado; se alinea con un movimiento más amplio en el que artistas y grupos de teatro en todo el país crean obras en respuesta a las agresiones del gobierno contra la cultura.
En noviembre, la serie Fall of Freedom reunió más de 700 exposiciones y performances en todo EE. UU., desde rituales de protesta en San Francisco que abordaron detenciones de ICE, hasta un baile de protesta en el Kennedy Center, un emblemático centro cultural que sufrió recortes bajo la administración Trump. Este clima adverso ha profundizado la determinación de muchos artistas de no dejar que la libertad artística sea suprimida. Lynn Nottage, una dramaturga galardonada, indicó que el ataque a instituciones de prestigio actúa como una advertencia para el resto de los espacios artísticos en el país.
Durante el primer mandato de Trump, Azo Safo, antes reacia a involucrarse en temas políticos, encontró la motivación para presentar Artful Resistance, un ciclo de lecturas en Los Ángeles sobre futuros distópicos, redadas de ICE y derechos reproductivos. “Sé que es importante hablar ahora más que nunca”, expresó Safo, reconociendo el temor que también sienten otros artistas ante la caracterización de activistas como “terroristas domésticos”.
El impacto se extiende más allá de quienes abiertamente critican a la administración. El director y escritor Anthony Meindl ha sido advertido sobre posibles amenazas por su obra de teatro sobre el cambio climático, en un contexto donde el desinterés por la ciencia es evidente.
Para algunos, la resistencia ha sido parte integral de su trabajo desde el inicio. Iymen Chehade, un dramaturgo con antecedentes en activismo, fundó Uprising Theater en 2013 tras la censura de un curso en su universidad que abordaba el conflicto palestino-israelí. Ahora, su compañía ofrece un espacio para que las voces palestinas se escuchen.
Además, asistir a estas producciones puede representar un riesgo para inmigrantes y personas de color. En el Clemente Soto Vélez Cultural & Education Center de Manhattan, se han implementado protocolos de seguridad para proteger a aquellos potencialmente atacados por ICE, pero las audiencias continúan asistiendo, reconociendo que su presencia es una forma de apoyar la resistencia cultural.
Esta conexión entre arte y activismo no es nueva. La corriente del Teatro de los Oprimidos, desarrollada por Augusto Boal durante la dictadura militar en Brasil, promueve la idea de que el público debe ser participante activo, transformando la forma en que se aborda el arte. M. Candace Christensen, asociada a la Universidad de Michigan, comenta que el teatro puede ayudar a ensayar formas de organización social.
A medida que la respuesta creativa se intensifica, Candela señala que la serie Unquiet ha gozado de un éxito creciente, con espectáculos próximos centrados en la resistencia. Nottage espera una participación aún mayor en futuros eventos, señalando que, aunque las grandes compañías teatrales pueden tener programación establecida con antelación, la urgencia por narrativas que desafíen el estado actual siempre encontrará un escenario.
La creación artística en tiempos de represión continuará siendo un vehículo vital para la justicia social, independientemente de las circunstancias. El Teatro de los Oprimidos fue concebido en tiempos difíciles y, como afirma Christensen, siempre encontrará una forma de operar y resonar con las necesidades de su comunidad.
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