En el vibrante entorno del Leslie-Lohman Museum en SoHo, la poeta y pintora Pamela Sneed presentó su obra en una exhibición que explora la intersección del arte, la identidad y la comunidad, titulada “Sacred and Profane”. Junto a Sneed, el artista visual y de performance Carlos Martiel se unió para ofrecer una experiencia colectiva que resuena con las luchas contemporáneas y las pérdidas históricas.
Durante su presentación, Sneed evocó imágenes poderosas al leer un poema que la lleva a un espacio de atención urgente, donde se encuentra rodeada de amigos en una sala que se siente tanto íntima como abrumadora. La creciente presión sobre las identidades LGBT+ y las comunidades BIPOC empuja a Sneed a concluir que, en este momento, “todos estamos en atención urgente”. La afirmación da voz a un sentido de urgencia y necesidad de cuidado dentro de una sociedad que a menudo ignora estas realidades.
El evento también incluyó una actuación impactante de Martiel, quien emerge de un montículo de tierra, simbolizando la pesada carga de la pérdida materna y las historias de violencia contra los cuerpos negros. La imagen de su madre, inmóvil y contemplativa sobre la tierra, encapsula las décadas de grief compartido, resaltando la profunda conexión entre la muerte, la memoria y la comunidad.
Este trabajo artístico no solo refleja la creatividad individual, sino que también actúa como un puente hacia una comunidad más amplia, construyendo espacio para ceremonias de duelo e improvisando rituales en un espacio donde se ha rechazado la humanidad plena. Aquí, en lo que Sneed describe como un acto de “exhumación”, el público es testigo de la transformación del luto en celebración.
La exposición se inscribe en una serie de actuaciones en el museo que, desde la reapertura post-pandémica, ha buscado reestablecer un centro creativo en un momento de desencanto. Este híbrido de presentación y performance ofrece un modelo de resistencia frente al dominio del comercio del arte que a menudo olvida las voces marginalizadas.
La conexión intergeneracional se hace evidente en la colaboración entre Sneed y Martiel, que trasciende fronteras y desafía la estructura tradicional de los museos. Además, la obra de Sneed en Fire Island, que explora temas relacionados con la historia de la esclavitud, reitera la necesidad de recordar y dar voz a historias que han sido sistemáticamente borradas.
Las contribuciones de artistas como Joshua Obawole, quien también presentó en el mismo espacio, subrayan la importancia de actos de recuerdo material en la cultura contemporánea. En su actuación “Waves”, Obawole incorpora agua de mar y cabello humano para examinar las fracturas dejadas por el comercio transatlántico de esclavos, ofreciendo memoria e historia a través de la performance.
Con una mirada hacia el futuro, estos actos de creación y comunidad nos muestran que la alegría colectiva no necesita ser obligatoria ni superficial. Como afirma un crítico, este impulso hacia una “alegría militante y de resistencia” es fundamental para la construcción de un sentido de pertenencia y para llevar las memorias compartidas a las luchas que vendrán.
En un mundo donde las identidades son frecuentemente desdibujadas, el Leslie-Lohman Museum sirve como un faro de resiliencia y creatividad radical, un lugar donde se reivindica el pasado y se imagina un futuro con esperanza y fortaleza. En 2026, esta narrativa de reclamación y comunidad sigue siendo más que relevante.
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