Las guerras culturales y los conflictos ideológicos abren grietas incluso en la única institución que ha fundamentado en la unidad una supervivencia de 2.000 años. Las dos iglesias más ricas del mundo, la de EE UU y la de Alemania, están tensando la cuerda ideológica del catolicismo en direcciones diametralmente opuestas. La primera se opone a permitir la comunión a políticos que sostengan el derecho al aborto, como el propio presidente del país, Joe Biden.
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La Iglesia alemana, convencida de que se agota el tiempo para cambiar las cosas tras décadas de abusos sexuales sistemáticos, comenzó por su cuenta hace más de un año el llamado camino sinodal, por el que se discutió sobre la pertinencia de ordenar a mujeres, sobre el celibato y sobre la homosexualidad. El Vaticano intentó frenar sin éxito la iniciativa de una Iglesia cuyo nivel teológico está fuera de dudas y que contribuye a la menguante caja común como ninguna en Europa. La ola es demasiado fuerte. Un año antes ya atravesó problemas similares cuando un grupo de obispos, apoyados por Marx ―entonces presidente de la Conferencia Episcopal― abrió la vía de la intercomunión planteando que las parejas protestantes de los católicos que les acompañasen a misa tuvieran acceso a la eucaristía. “No toda la Iglesia alemana puede situarse en ese entorno progresista, obviamente. El problema es que gran parte del sector conservador tampoco entiende muchas decisiones tomadas”, señala un alto cargo vaticano.
La herida al otro lado del Atlántico
La herida también supura al otro lado del Atlántico, donde el efecto de la guerra cultural y política del sector ultraconservador provoca tensiones hacia el otro hemisferio ideológico. La Iglesia de EE UU, donde una gran parte de su jerarquía se ha constituido en una de las principales trincheras contra el pontificado de Francisco, anunció hace una semana su decisión de redactar una declaración sobre el sacramento de la comunión que podría implicar denegarle la eucaristía a Joe Biden, el segundo presidente católico que ha tenido el país (el anterior fue John F. Kennedy), así como a otros políticos de esta confesión, por apoyar el derecho al aborto. La votación fue aprobada por 168 votos a favor frente a 55 en contra. Quizá el dibujo numérico más nítido sobre cómo están los bandos en esta guerra.
El poder en manos de los obispos
Los ocho años de pontificado de Francisco han tenido poca incidencia en la Iglesia estadounidense. Solo en diócesis como Chicago, Newark, San Diego o Washington ha habido cambios sustanciales. “La iglesia americana es ultraclerical. El poder está en las manos de los obispos, que cada vez están más alejados del pueblo. Es una iglesia muy vertical y por eso no se habla de sinodalidad”, apunta Massimo Faggioli, profesor de Teología y autor del libro Joe Biden y el catolicismo en Estados Unidos (2020).
El movimiento menos diplomático de la Santa Sede
Las guerras culturales que afectan al Vaticano no solo tienen lugar a miles de kilómetros de Roma. Basta cruzar el Tíber para encontrar el último ejemplo de cómo la visión sobre algunos asuntos sociales y de derechos civiles generan tensiones intramuros. Esta vez ha sido a cuenta del proyecto de ley que tramitan las cámaras contra la homofobia y la transfobia.


