El papa León ha dado un firme golpe sobre la mesa al condenar la explotación de los recursos naturales en África, un mensaje que resonó especialmente en su discurso en Angola. Este país, adornado por su riqueza petrolera, ha sido durante mucho tiempo dueño de grandes promesas de prosperidad, desgraciadamente vacías para muchos de sus ciudadanos. Durante su visita, León no escatimó críticas hacia los “déspotas y tiranos” que, al prometer riquezas, solo han generado sufrimiento y muertes.
Desde la capital angoleña, Luanda, el pontífice instó a los angoleños a luchar por una sociedad libre de una “esclavitud impuesta por la élite”. Con la majestuosidad de Angola como telón de fondo, León se dirigió directamente a los poderosos líderes, incluido el presidente João Lourenço, lamentando el despojo que padecen las tierras africanas a manos de intereses corporativos internacionales. Su discurso se alzó en contra del extractivismo, declarando: “¡Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántos desastres sociales y medioambientales provoca esta lógica!”.
La reacción del papa, quien ha adoptado un tono más contundente en sus declaraciones durante esta gira por África, se produce en un contexto tenso, marcado por sus enfrentamientos retóricos con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. A pesar de que León intentó desviar el foco de sus comentarios hacia Trump, es innegable que su discurso va más allá de la geopolítica. Esta semana ha sido un claro ejemplo de cómo el liderazgo espiritual puede desafiar no solo la desigualdad y la guerra, sino también las dinámicas económicas que perpetúan la pobreza en regiones ricas en recursos.
El papa León, originario de Chicago, ha recalcado que a menudo la mirada del mundo se centra en África con un propósito mercantilista, sin considerar el sufrimiento humano que resultan de tales prácticas. Sus palabras buscan encender una llama de esperanza entre los angoleños, exhortándolos a construir un futuro sin la carga de falsas promesas de las élites.
A medida que concluye su gira, que abarca once ciudades y pueblos a través de cuatro países en un recorrido de casi 18,000 kilómetros, sus llamados siguen resonando. En este contexto, la urgencia por abordar la explotación de recursos se convierte no solo en un tema de política económica, sino en un imperativo moral que invita a la reflexión y acción de todos los sectores de la sociedad.
(Actualización: los datos corresponden a 2026-04-18 13:17:00).
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