El papa León XIV hizo su primera visita al principado de Mónaco, un enclave famoso por su lujo y ostentación, para abordar los abismos entre ricos y pobres. Arribó al pequeño estado mediterráneo después de un breve vuelo en helicóptero desde Roma, y fue recibido por el príncipe Alberto II y su esposa Charlène en un día radiante.
Durante su discurso, pronunciado en francés desde el balcón del Palacio Principesco, el pontífice estadounidense, con raíces peruanas, llamó la atención sobre las “configuraciones injustas del poder”. Señaló que estas estructuras crean abismos entre los privilegiados y los descartados, y subrayó que los bienes y talentos son destinados a la redistribución en lugar de ser retenidos. En un momento de referencia a los conflictos globales actuales, lamentó que la “ostentación de la fuerza” compromete la paz mundial.
León XIV, quien dedicó dos décadas a la misión en regiones empobrecidas de Perú, hizo eco de la encíclica Rerum Novarum de 1891, que establece las bases de la doctrina social de la Iglesia. En el patio del palacio, miles de fieles celebraron su presencia, ondeando banderas del Vaticano y de Mónaco, mientras que miembros de la familia real asistieron a la ceremonia vistiendo atuendos ceremoniales.
El pontífice aprovechó su discurso para subrayar la responsabilidad de los privilegiados, afirmando que vivir en Mónaco debe ser visto como una invitación a cuestionar el rol de cada uno en el mundo. El príncipe Alberto II coincidió en que quienes tienen recursos deben actuar con solidaridad, destacando que los pequeños estados también poseen un papel en la mejora del mundo.
Los habitantes locales brindaron su perspectiva, reconociendo que, aunque gozan de privilegios, todos tienen ventajas y deberes frente a las desigualdades. Tras su intervención en el Palacio, León XIV se trasladará a la catedral de la Inmaculada Concepción y concluirá el día con una misa al aire libre en el estadio Louis II, donde se espera la asistencia de aproximadamente 15,000 personas.
Sin embargo, a medida que el papa recorría las calles de Montecarlo, los carteles que mostraban su efigie resaltaban el contraste entre la devoción de algunos y la indiferencia de muchos turistas, que posiblemente ignoraban la importancia de su visita. Solo un 8% de la población monegasca se identifica como practicante, lo que demuestra una notable disparidad en la vida religiosa del principado.
A medida que se acerca la celebración de Pascua, la visita del papa ofrece una oportunidad invaluable para evaluar su popularidad en comparación con su predecesor, el argentino Francisco. A lo largo de su recorrido, el papa fue recibido con entusiasmo, aunque con una asistencia pública variable, lo que sugiere un contraste entre la relevancia de su mensaje y el contexto de su recepción en este lujoso estado.
Este importante evento resalta no solo los desafíos que enfrenta la comunidad global en temas de desigualdad y paz, sino también el papel continuo de la Iglesia en la lucha por la justicia social. La visita, aunque breve, ha dejado una huella en la sociedad monegasca, planteando interrogantes sobre su compromiso con los más vulnerables.
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