El cardenal Roberto Repole, arzobispo de Turín y obispo de Susa, destaca que el pontificado de Francisco ha enfatizado la necesidad de colocar a Cristo en el centro de la Iglesia, más allá de las estructuras y cuestiones organizativas. Su profundo compromiso con el cristocentrismo no es solo un concepto teológico, sino una demostración viviente de fe, un testimonio auténtico que debe ser visible en la vida cotidiana.
Durante la vigilia de oración en memoria del Papa Francisco, celebrada el 23 de abril, Repole reflexionó sobre cómo el pontificado del Papa argentino representa un legado renovado del Concilio Vaticano II, que ha profundizado en la idea de que todo debe ser visto a la luz de la figura de Cristo resucitado. Según él, esta verdadera fe es la esencia del corazón de la Iglesia y permite abordar no solo el relativismo cultural, sino también un “relativismo práctico” que requiere un sólido testimonio de vida.
El cardenal recordó momentos concretos y conmovedores del papado de Francisco. En particular, mencionó el silencio que invadió la Plaza de San Pedro el 13 de marzo de 2013, durante su elección, un instante de profunda oración compartido entre el Papa y el pueblo. También destacó el impacto de la visita del Papa a Lampedusa, que subrayó las injusticias del mundo, y la Statio Orbis del 27 de marzo de 2020, que ilustró la necesidad de la salvación divina en un mundo marcado por la tecnología.
Una anécdota entrañable para Repole es el encuentro sorpresivo con sus ancianos padres, facilitado por Francisco durante el Sínodo de los Obispos, un gesto que refleja la cercanía y empatía del Pontífice hacia las raíces familiares.
Francisco, aunque argentino, siempre ha mantenido un fuerte vínculo con sus raíces piamontesas. Repole narró cómo el Papa a menudo se dirigía a él utilizando expresiones del dialecto piamontés, evidenciando su aprecio por sus orígenes y la historia de su familia, destacando que la conexión con las raíces es fundamental para la identidad personal y espiritual.
La espiritualidad y visión pastoral de Francisco, según Repole, trascienden las palabras, al mostrarse en cada acción y en cada gesto, reafirmando el compromiso de la Iglesia por llevar el mensaje de Cristo a todas las esferas de la vida. En una época en la que la fe enfrenta múltiples desafíos, el ejemplo de Francisco se erige como un faro que invita a los creyentes a renovarse y a vivir de manera auténtica, centrándose en el poder transformador del amor y la esperanza que ofrece la fe en Jesucristo resucitado.
Esta reflexión y la memoria de su legado resaltan la importancia de un testimonio activo y vibrante, capaz de resonar en la sociedad contemporánea, apelando a la fe y a los valores que han sustentado a la Iglesia a lo largo de los siglos.
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