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El peligro ambiental no es secundario

por en NegociosTiempo de lectura: 3 min
El peligro ambiental no es secundario

La economía contemporánea enfrenta un dilema crítico: ¿puede sostener un crecimiento sin límites en un mundo con recursos finitos y sistemas ecológicos desgastados? Este interrogante se vuelve apremiante a medida que la evidencia científica acumula datos que demuestran que nuestra forma de producción y consumo está más allá de los límites biofísicos de la Tierra.

Desde la degradación de ecosistemas hasta la crisis de biodiversidad, diversos informes han señalado que las actividades humanas han superado varios de los límites planetarios establecidos. En 2023, se reveló que seis de los nueve límites ya habían sido transgredidos, lo que pone en riesgo la estabilidad y la resiliencia del sistema terrestre. Esta situación no es solo una preocupación ambiental; tiene implicaciones directas en la economía global, afectando la producción, la estabilidad de precios y la salud financiera de las naciones.

La naturaleza no debe considerarse una externalidad, sino una infraestructura económica fundamental. Proporciona elementos básicos para la vida humana y el desarrollo económico: agua, suelos fértiles, polinización y regulación climática. Ignorar su valor conduce a una contabilidad incompleta y a una valoración errónea de los activos, acumulando riesgos sistémicos peligrosos. El Banco Central Europeo ya ha señalado cómo la degradación de la naturaleza puede impactar la estabilidad financiera de la economía.

Mientras que los mercados pueden permitir cierto grado de ignorancia respecto a la naturaleza a través de subsidios y contabilidad parcial, la economía real no puede escapar a las restricciones biofísicas que imponen nuestros ecosistemas. El sistema económico, en su esencia, es un subsistema abierto a flujos materiales y energéticos que tiene que respetar las leyes de la biosfera. Esto implica que el crecimiento puede llegar a un punto donde, al ignorar estos límites, se incurre en lo que se ha denominado "crecimiento antieconómico", donde el valor de capital natural perdido excede el flujo monetario generado.

El informe global del IPBES confirma que la pérdida de biodiversidad impacta la salud humana y la seguridad alimentaria, traduciendo la crisis ambiental en un asunto de calidad de vida. La economía neoclásica ha fallado en integrar la naturaleza como parte del flujo económico, tratándola como simple recurso o contaminante que se puede sustituir sin restricciones.

A medida que las instituciones financieras comienzan a adoptar marcos que incorporan la naturaleza en su evaluación de riesgos, surge la necesidad de gestionar el "riesgo naturaleza" como una categoría económica crítica. Esto no solo afecta a empresas y bancos, sino que también ofrece oportunidades para la innovación y la inversión. La transición a modelos de negocio que consideran la prioridad de regenerar la base natural es esencial para reducir la vulnerabilidad ante futuras crisis.

En conclusión, la economía del siglo XXI debe reconocer que no existe prosperidad duradera sobre una base biofísica degradada. La sostenibilidad económica y el bienestar humano dependen de la salud de nuestros ecosistemas. Ignorar la interdependencia entre economía y naturaleza es un error contable que puede tener consecuencias devastadoras. El camino hacia una economía resiliente y sostenible pasa por integrar el capital natural en cada decisión de inversión y política pública. El futuro exige un cambio de paradigma que valore y respete nuestra relación con la Tierra.

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Datos basados en información reportada originalmente por eleconomista.com.mx.

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