Óliver ya está en manos de los médicos del hospital Sant Joan de Déu (SJD) de Barcelona. El centro sanitario se ha convertido en la gran esperanza del niño español de dos años y medio que sufre un tumor cerebral y que quedó varado en México hasta conseguir un avión medicalizado sufragado por un donante anónimo. Dos días después de lo previsto, la madre y el niño han aterrizado este miércoles por la mañana a la capital catalana, donde confían en encontrar una solución a la patología del niño.
El equipo médico de SJD estudia ahora diversos escenarios para tratar la dolencia de Óliver. Primero deberá comprobar el estado de salud inicial del menor para confirmar si está estabilizado, algo que se presupone porque de lo contrario no hubiera podido realizar un viaje tan largo en avión. En este caso, el niño será ingresado en una planta hospitalaria, donde se le realizarán las primeras pruebas diagnósticas. En caso de que Óliver aterrizara con alguna inestabilidad, pasaría directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos.
Los resultados de las pruebas diagnósticas son decisivos para decidir si Oliver es operado de manera inminente o si requiere un espacio mayor de valoración. Los neurocirujanos necesitan conocer el estado exacto del tumor cerebral del menor para abordar con garantías la intervención y por ello le realizarán una resonancia. “En cinco días una dolencia de este tipo puede cambiar y es esencial tener los resultados exactos de la situación del tumor antes de operarle”, explica una fuente del centro barcelonés.
La evolución médica de Oliver se ha convertido en una especie de contrarreloj sanitaria. El niño ingresó el pasado 13 de octubre en un hospital de México, donde reside con sus padres, según contó El Mundo. Los padres argumentaron que su hijo se encontraba débil y apático. En el centro se le diagnosticó un tumor cerebral de pronóstico grave, y la familia no encontró un hospital que asumiera la intervención en México. Después de consultar a diversos especialistas, la familia fue derivada a Sant Joan de Déu, un hospital pediátrico pionero en Europa, aunque el traslado no fue sencillo.
Ninguna aerolínea vio posible trasladar el menor desde Cancún (México) hasta Barcelona ante su delicado estado de salud. Fue entonces cuando un donante anónimo asumió el coste de alquilar un avión medicalizado. El plan inicial era que Oliver y su familia llegaran el pasado lunes, pero la empresa retrasó el viaje hasta este miércoles. En el avión han viajado el niño y su madre porque únicamente cabían dos personas en la cabina. El padre ya estaba en Barcelona tras volar el martes en un avión comercial.
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