La cotización del peso mexicano se ha situado recientemente bajo las 17 unidades por dólar, cerrando en 16.95 pesos por dólar el 19 de agosto de 2026. Este es un nivel que el peso no había alcanzado desde el 31 de mayo de 2024, cuando logró romper por primera vez esa cifra psicológica.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que esta paridad refleja la solidez económica de México y la confianza de los mercados internacionales. En sus propias palabras, “si no hubiera confianza internacional en la economía mexicana, el peso no estaría como está”.
Una de las consecuencias positivas de esta apreciación del peso es la reducción en el costo de adquirir mercancías extranjeras, lo que beneficia tanto a empresas como a consumidores. Alejando Gómez Tamez, director del Grupo Asesores en Economía y Administración Pública (GAEAP), ha mencionado que “el superpeso abarata importaciones, reduce el costo en pesos de insumos y maquinaria comprados en el exterior, ayuda a contener algunas presiones inflacionarias y disminuye el costo de las deudas denominadas en dólares”. Tal es el caso que las importaciones de bienes intermedios crecieron un 25.8% en los primeros cinco meses de 2026, brindando un alivio a las empresas nacionales que dependen de componentes foráneos para su producción.
Sin embargo, esta fortaleza del peso también tiene su lado negativo. Especialmente afecta a las familias que reciben remesas, quienes enfrentan una crisis exacerbada por la conversión desfavorable de esas remesas y el aumento de precios en el ámbito local. Bello Gómez explica que este fenómeno se traduce en una disminución del 30 al 35 por ciento en el poder adquisitivo de esos ingresos convertidos en gastos. Esto ocurre porque, mientras el dólar rinde menos pesos, la inflación mantiene la canasta básica en altos niveles.
Sheinbaum también ha reconocido estas dificultades: “Con el precio del dólar se pierden remesas y se pierden exportaciones”. Aunque las ventas al exterior crecieron un 24.6% anual en dólares durante la primera mitad de 2026, eso se tradujo en un crecimiento real de apenas el 9.0% en pesos. Gómez Tamez añade que, aunque las empresas están exportando más dólares, esto no implica que estén percibiendo proporcionalmente más pesos, dado que sus costos en salarios y servicios están denominados en la moneda local.
La actual tasa de cambio también limita la competitividad de México en un contexto global donde las cadenas de suministro están en proceso de relocalización. De acuerdo con el doctor Bello Gómez, la apreciación del peso encarece la inversión extranjera directa hasta en un 30%, restándole competitividad al país en un momento clave para el nearshoring.
Este panorama ofrece un complejo resumen de los beneficios y desventajas que representa el sú peso, revelando un equilibrio delicado que merece atención en el futuro económico de México.
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