Unos carteles con el retrato de un hombre moreno, con calvicie avanzada y ojos claros cubrieron hace unos días por sorpresa algunos muros de las calles de París. “Zemmour presidente”, decían.
Éric Zemmour (Montreuil, 62 años) fue durante años periodista político y es reseñista literario en el diario Le Figaro, además de autor de libros superventas con una mirada nostálgica a la historia de Francia y una visión tenebrosa sobre su futuro. Con su cita diaria puntual a las siete de la tarde en la cadena de información continua CNews, propiedad de la multinacional francesa Vivendi, es el polemista televisivo que más pasiones levanta en Francia, y uno de los más brillantes en el arte de la esgrima verbal. Ahora sopesa presentarse a la campaña para las elecciones presidenciales de la primavera de 2022.
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Zemmour ha visto una oportunidad. Cree tener varios caladeros en los que pescar. Uno es del votante burgués y conservador. Pese al éxito en las recientes elecciones regionales, no está claro que la derecha tradicional de Los Republicanos (LR), el partido de Nicolas Sarkozy, logre unirse y enderezar el rumbo, y algunos de sus electores viven en la intemperie ideológica, sin un líder que les represente.
El otro caladero es el de la extrema derecha. El largo viaje hacia la moderación de Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN), ha desconcertado a sus votantes más radicales y ha dejado un vacío a la derecha de los ultras de siempre, que alguien puede ocupar. El fracaso del RN en las recientes regionales sembró dudas sobre esta estrategia, aunque Le Pen sigue siendo la favorita para disputar la presidencia al centrista Emmanuel Macron en la segunda vuelta de las próximas presidenciales.


