Una exposición única en el Museo del Prado reune por primera vez las obras del pintor Valeriano Domínguez Bécquer, realizadas entre 1866 y 1867. Esta colección, titulada “Los cuadros de costumbres”, destaca por su representación detallada de la vida cotidiana en distintas provincias españolas, y estará abierta al público hasta el 4 de octubre de 2026.
Los inicios de esta historia se remontan a 1865, cuando Bécquer recibió el encargo de pintar estas obras junto con una pensión, mediante una Real Orden. Sin embargo, tras el derrocamiento de Isabel II en 1868, el convenio se extinguió, impidiendo al artista completar su labor. A pesar de este revés, Bécquer consiguió entregar ocho cuadros que, en la década siguiente, se dispersaron por varias instituciones.
El conservador del Área de Pintura del Siglo XIX, Pedro José Martínez, ha remarcado la importancia de las descripciones que Bécquer elaboró para cada entrega, señalando que proporcionan un contexto esencial a sus obras. Estos textos, dirigidos al Ministerio de Fomento, reflejan su intención de capturar la esencia de las costumbres populares de cada región.
La serie se compone de tres entregas, cada una correspondiente a una provincia. En 1866, Bécquer presentó las obras de Zaragoza y Soria, seguidas por las de Ávila en 1867. Cada pintura, además de ser un placer visual, ofrece una narrativa sobre aspectos culturales y festivos. Por ejemplo, en su primer envío desde Vera del Moncayo, el pintor ilustró a una familia disfrutando de un chocolate caliente y una fiesta popular que refleja danzas tradicionales como el paloteo, mientras el alcalde ofrece vino a los asistentes.
En la colección de Soria, destacan tres piezas: “El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria”, donde se retrata un momento de ocio con un nivel de detalle excepcional, y dos obras que abordan la vida en Burgo de Osma. Aquí, el comisario de la exposición remarca la atención al detalle, como la representación de una niña con la nariz roja, evocando el frío de las montañas nevadas.
El último envío, correspondiente a Ávila, aborda la peregrinación a la ermita de Sonsoles, capturando interacciones humanas sencillas, como una persona subastando huevos tras la festividad. La obra central de esta entrega es una escena vibrante donde los personajes se agrupan en torno a la fuente, bebiendo agua en un acto simbólico de comunidad.
Desde 2009, la sala que alberga estas obras ha sido un espacio dedicado a artistas del siglo XIX y, con esta exposición, el público tiene la oportunidad de redescubrir un patrimonio cultural a menudo eclipsado por otros movimientos artísticos. A través de la mirada íntima de Bécquer, el espectador puede apreciar no solo la habilidad técnica del pintor, sino también la riqueza de las costumbres de su tiempo.
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