Colombia ha dado un giro significativo hacia la ultraderecha tras la elección de Abelardo de la Espriella como su nuevo presidente. Este abogado millonario, cuya campaña fue respaldada por Donald Trump, pone fin a un periodo histórico de gobierno de izquierda en el país, marcado por la presidencia de Gustavo Petro, quien había intentado establecer un diálogo de paz con diversos grupos armados en medio de una creciente ola de violencia.
De la Espriella, un desconocido en la arena política hasta ahora, logró una victoria reñida sobre el senador oficialista Iván Cepeda, quien recibió el apoyo del mandato saliente. Con más del 99.93% de las mesas informadas, el nuevo presidente obtuvo 12.9 millones de votos, alcanzando un 49.65% frente al 48.7% obtenido por Cepeda. Esta elección se convirtió en una de las más disputadas y con mayor afluencia de votantes en los últimos años.
Las calles de Bogotá reflejaron esta polarización. Mientras algunos celebraban tocando bocinas en sus vehículos, otros se manifestaron en el centro de la capital contra el nuevo gobierno que asumirá el cargo hasta 2030. De la Espriella, quien tiene doble nacionalidad colombiana y estadounidense, se estableció como un fenómeno político con un fuerte discurso antisistema que resonó entre sus seguidores.
En un momento clave tras su victoria, De la Espriella comunicó que había hablado con el expresidente Donald Trump, quien se mostró dispuesto a visitarlo en la Casa Blanca pronto. La conversación, que duró siete minutos, puso de relieve su respaldo al nuevo líder colombiano, quien agradeció a sus votantes en una ceremonia en Barranquilla, donde hizo un mensaje simbólico desde una vitrina construida con cristales antibalas.
El nuevo presidente, conocido como “El Tigre”, prometió que no habría persecuciones y que sería un líder para todos los colombianos, asegurando que “sus libertades serán protegidas” y “sus opiniones serán escuchadas”, incluso aquellas de quienes no votaron por él. Acompañado de su familia, De la Espriella concluyó su discurso reafirmando su compromiso con la patria, en un claro llamado a la unidad en un momento de divisiones marcadas.
La elección de 2026 no solo representa un cambio en el liderazgo, sino también un cambio en la dirección política de Colombia que podría tener repercusiones en el futuro cercano, en un contexto donde las expectativas y temores son altos.
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