La multifacética artista Cindy Sherman ha tenido una carrera marcada por la innovación y la provocación, pero su incursión en el cine se plasmó en un único filme: Office Killer, lanzado en 1997. Esta película, que no logró impresionar ni a crítica ni a audiencia, ha ganado notoriedad en el tiempo, especialmente por su audaz exploración de la violencia y la identidad. Réplicas de la crítica como las de Stephen Holden, del New York Times, caracterizaron la obra como “tristemente inepta” y “cruda”, un adjetivo que resuena particularmente cuando se considera una de sus escenas más inquietantes: la protagonista, Carol Kane, interactúa con un cadáver de manera grotesca, simbolizando la búsqueda de romper con tabúes.
Antes de su incursión en el cine, Sherman era conocida por su serie de fotografías tituladas “Untitled Film Stills”, realizada en los años setenta, donde se retrata en escenarios que evocan el cine B y la ficción pulp. El reconocimiento de su trabajo alcanzó un nuevo hito cuando el MoMA adquirió un conjunto completo de estas imágenes por un millón de dólares, consolidando su estatus en la historia del arte contemporáneo. Sin embargo, en las décadas de 1980 y 1990, su producción dio un giro hacia obras que exhibían un carácter más perturbador, a menudo repletas de elementos grotescos como vómito y miembros amputados, siempre con la firma de su estilo provocador.
En 2012, Sherman comentó sobre sus series “Disasters” y “Sex Pictures”, reflejando su deseo de ver si los potenciales compradores estarían dispuestos a colgar estos trabajos en sus hogares. La respuesta fue abrumadoramente negativa, lo que sugiere que su exploración del “abyecto” no encontraba resonancia en la colección de arte contemporáneo.
Los trabajos más recientes de Sherman, incluyendo Office Killer, todavía enfrentan desafíos para ser reconocidos como méritos artísticos. Su película ha sido objeto de menciones esporádicas en exposiciones retrospectivas, como la de 2012 en el MoMA, donde figuras como John Waters han expresado su aprecio por esta obra. Este mes, la distribuidora Vinegar Syndrome ha decidido lanzar por primera vez la película en 4K UHD y Blu-Ray, ofreciendo una nueva oportunidad de experimentar su visceralidad con claridad renovada.
Aunque Office Killer no se sostiene principalmente en una narrativa sólida, sigue siendo un hito en la filmografía de Sherman. La trama sigue a Dorine, un editor tímido en una revista ficticia llamada Constant Consumer, cuya lucha laboral la lleva a un desenlace homicida. El relato transcurre en un contexto donde la tensión dramática se desvanece, y en cambio, la atención se centra en la serie de horrores visuales que plantea el filme: extremidades laceradas, cabezas ocultas y matices de violencia abrumadora.
A través de estas imágenes, Sherman no solo presenta un desfile de atrocidades, sino que también confronta la violencia latente en muchas representaciones de la mujer en el cine y la fotografía, haciendo que el espectador cuestione los límites del arte y la identidad. La obra culmina en una escena significativa, donde Dorine, disfrazada y con una peluca rubia, escapa de su propia narrativa, revelando una crítica social intrínseca a su trabajo.
En conclusión, Office Killer surge como una implícita reflexión sobre el arte, la identidad y la percepción del horror. La película, ahora revitalizada en formato físico, invita a una reevaluación en el contexto actual del arte contemporáneo, ofreciendo un espacio para explorar lo que significa verdaderamente perturbar la identidad y desafiar las convenciones narrativas.
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