Un día ha tardado la Casa Blanca en ofrecer algo de luz, no toda, sobre el nuevo lote de documentos clasificados de sus tiempos como segundo de Barack Obama, que Joe Biden, hoy presidente, tenía seis años después de dejar el puesto aún en su poder, pese a que la ley lo prohíbe. Se trata de “una pequeña cantidad” de “documentos personales y políticos”, según ha dicho este jueves en un comunicado el abogado Richard Sauber. “Todos menos uno estaban en el garaje de la residencia del presidente en Wilmington [Delaware]”. Ese “uno” aguardaba en “una habitación adyacente”.
El texto, de un párrafo, deja muchas incógnitas sin despejar. Por un lado, porque por algo son documentos clasificados. Por otro, porque la Administración de Biden no ha querido desvelar cuándo se encontraron ni sobre qué tratan, aunque sea someramente. Sí se sabe que, después de que en noviembre los abogados del presidente hallaran en una oficina en Washington otro lote de papeles, una decena, también clasificados, estos se lanzaron a peinar otros lugares en busca de más documentos que el líder demócrata pudiera conservar indebidamente. Está claro que su casa particular en Wilmington, el hogar que venera y donde pasa una considerable cantidad de sus fines de semana, lejos de la Casa Blanca, no es un lugar cualquiera.
Los nuevos detalles sobre el descubrimiento del segundo grupo de papeles de Biden elevan la presión sobre presidente de Estados Unidos, que lleva toda la semana tratando de minimizar los daños de la revelación, conocida el lunes, de que guardaba indebidamente otro lote de documentos, el primero, en una oficina del laboratorio de análisis de política internacional llamado Centro Penn Biden. Esas oficinas las usó a título personal durante el tiempo que pasó entre su abandono de la vicepresidencia en 2017 y la campaña que lo llevó a la Casa Blanca en 2020.
Entre ellos hay memorandos de los servicios de inteligencia estadounidenses y material sobre relaciones geopolíticas candentes, como las de Washington con Ucrania, Irán o el Reino Unido. La ley estadounidense obliga a conservar los registros presidenciales y a que sean puestos a disposición de los Archivos Nacionales tras abandonar el cargo.
El martes, Biden, de visita oficial en Ciudad de México para verse con su homólogo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, habló sobre el primer hallazgo. Se dijo “sorprendido” de enterarse de que había documentos de esa etapa en un armario de una oficina a la que dio uso privado. Aseguró que se toma en serio la información confidencial y que desconoce el contenido de dichos documentos.
“Encontraron unos documentos en una caja, en un armario cerrado, y en cuanto lo hicieron se dieron cuenta de que había varios documentos clasificados en esa caja. E hicieron lo que debían: llamar inmediatamente a los Archivos [Nacionales] y entregárselos. Me informaron sobre este descubrimiento y me sorprendió saber que hay registros gubernamentales que fueron llevados a esa oficina, pero no sé lo que hay en los documentos”, añadió el presidente estadounidense. “Mis abogados han entregado las cajas a los Archivos [Nacionales], y estamos cooperando plenamente con la revisión. Espero que termine pronto y será el momento de dar más detalles”.
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