La decimoctava edición de la Fiesta del Libro y la Rosa comenzó con cifras destacadas: un incremento del 12% en stands y más de 500 actividades que resaltan la importancia de la literatura como herramienta de resistencia. El lema de este año, “Nombrar para existir”, resuena como un grito de urgencia, tal como se evidenció en el conversatorio inaugural donde participaron Dolores Reyes y Brenda Navarro.
Durante este diálogo, Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, interrogó a Reyes sobre su obra “Cometierra”, que narra la vida de una adolescente capaz de encontrar desaparecidos al consumir la tierra que los oculta. Reyes compartió que la elección de elementos paranormales no fue un capricho, sino una respuesta a la dura realidad de Argentina y América Latina. La figura del personaje y la tierra como símbolo se impusieron tras el impacto del sufrimiento colectivo.
Reyes evocó la historia de las mujeres buscadoras actuales, quienes, con habilidades casi místicas, identifican restos humanos en fosas a través de métodos ancestrales. “No es tan irracional”, afirmó, comprobando la conexión entre su narrativa y las luchas contemporáneas en México, donde la desaparición de mujeres es un fenómeno alarmante.
El conversatorio también destacó la idea de que el derecho a la sepultura nos define como humanidad. Reyes habló de una “ley” que trasciende a los gobiernos, una convicción de que nadie debe ser borrado sin un nombre. Este vistazo a las raíces de la deshumanización llevó a las autoras a rendir homenaje a Sara Uribe, creadora de “Antígona González”, resaltando la labor colectiva para rescatar los cuerpos del silencio.
Brenda Navarro, en una reflexión sobre la literatura contemporánea, definió la “literatura de mujeres” no como una moda, sino como un acto de “rabia estética y política” que desafía el canon masculino. Afirmó que, mientras el canon tradicional glorificaba el viaje del héroe, estas autoras se enfocan en lo que queda atrás: los restos y las víctimas.
Navarro alentó a las nuevas generaciones a no normalizar la opresión, advirtiendo que esta violencia comienza con una mujer y puede expandirse a un Estado entero. Su mensaje fue claro: la literatura debe ser un espacio para generar preguntas provocadoras y vitales que eviten el regreso del silencio.
La Fiesta del Libro y la Rosa, que se celebra desde hoy hasta el 26 de abril en el Centro Cultural Universitario y otros espacios como el Colegio de San Ildefonso, destaca la importancia de las voces literarias que se niegan a desaparecer. La entrada es gratuita para todas las actividades, garantizando que el conocimiento y la memoria encuentren un lugar firme donde echar raíces.
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