En el horizonte económico actual, el empleo se erige como la variable primordial para comprender la dirección de los mercados y, por ende, el eje de las decisiones en política económica. Sin embargo, los últimos meses han dejado cifras confusas que han desafiado la visión convencional sobre el empleo en Estados Unidos, un país que, a pesar de su crecimiento acelerado, enfrenta una notable debilidad en este aspecto.
Recientemente se reportó que, en enero, la economía estadounidense generó 130,000 nuevos empleos, superando con creces la expectativa de alrededor de 70,000. No obstante, este optimismo se ve empañado por una revisión a la baja de 862,000 puestos correspondientes a todo el 2025 en la nómina no agrícola. Este tipo de ajustes no son ajenos a la política; el expresidente Donald Trump, ante revisiones previas, llegó a acusar de manipulación a los responsables de las estadísticas laborales, lo que evidencia la politización del empleo.
A la par, la tasa de desempleo se sitúa en un relativamente bajo 4.28%, mejorando desde el 4.38% del mes anterior. Esto sugiere que aún no hay señales preocupantes de un aumento en el desempleo. Este indicador se convierte en el faro que guiará la política monetaria en un futuro cercano. Un incremento accidentado en la tasa de desempleo podría obligar a la Reserva Federal a adoptar una postura más acomodaticia, posiblemente facilitando reducciones en las tasas de interés. Por el contrario, las proyecciones demográficas sugieren que, a pesar de los altibajos en la contratación, la tasa de desempleo podría permanecer estable.
En 2023, se registró un incremento mensual de 82,000 personas, en su mayoría mayores de 65 años, mientras que la migración neta descendió a 390,000, lo que indica que la población en edad de trabajar está disminuyendo a una tasa de 14,000 mensuales. La tendencia de la migración está en declive, lo que puede perpetuar un escenario de baja oferta laboral, aun cuando la demanda muestre signos de retroceso.
Este desajuste entre el crecimiento económico y los niveles de empleo tradicionalmente altos desata interrogantes. Según la Reserva Federal de Atlanta, se proyecta que la economía estadounidense podría crecer a un ritmo superior al 4% en los últimos trimestres de 2025. Este crecimiento no debería ser coherente con la tendencia de reducción de la inflación. A pesar del recorte de empleos, las inversiones en tecnología, especialmente relacionadas con la Inteligencia Artificial (IA), y la sólida actuación del mercado de valores pueden seguir impulsando el consumo, particularmente en el sector de servicios, y mantener la presión inflacionaria.
El inicio de febrero trajo un comunicado de la Reserva Federal que destacaba signos de estabilidad en el empleo. Se anticipa que mantendrán esta evaluación al menos hasta mayo, periodo en el que cambiará la presidencia de la institución. Existen especulaciones sobre si el nuevo presidente adoptará un enfoque para reducir la tasa de referencia, en respuesta a presiones políticas. Sin embargo, un recorte en este contexto podría añadir más impulso a una economía que, a pesar de las cifras de empleo, no parece débil.
En resumen, nos encontramos en un periodo en el que el crecimiento económico y el bajo desempleo podrían coexistir más tiempo del esperado. Esta realidad representa un reto tanto para las autoridades como para los inversionistas, quienes deberán adaptarse a un nuevo paradigma en el escenario económico.
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