Un sábado por la mañana, un grupo de treinta personas se sentó en círculo en un salón impregnado del aroma a café recién hecho y una mezcla palpablemente intensa de entusiasmo y nerviosismo. No estaban allí por la parte más iluminada de las medicinas psicodélicas, que ya habían intuido o experimentado de forma directa. Su objetivo era aprender a manejar situaciones difíciles que podrían surgir durante el uso de estas sustancias. Entre los presentes había facilitadores, terapeutas y médicos, así como personas sin título profesional que, con más corazón que preparación técnica, buscan guiar a otros en sus experiencias psicodélicas. Se impartió un curso de primeros auxilios psicodélicos, dirigido por un médico consciente de la necesidad de reconocer y gestionar los riesgos involucrados.
Las prácticas psicodélicas han existido durante siglos, arraigadas en contextos ceremoniales y comunitarios que merecen respeto. Con el renacimiento psicodélico en auge, el interés por facilitar el uso de estas sustancias ha crecido exponencialmente. Sin embargo, el deber del profesional de la salud es subrayar que estas moléculas, tanto naturales como sintéticas, pueden presentar riesgos significativos para la salud. La divulgación de estos riesgos no disuade a los interesados; por el contrario, los vuelve más conscientes y preparados para enfrentar posibles emergencias.
Es crucial analizar los riesgos en dos dimensiones: la médica y la espiritual, adaptando el enfoque a los diferentes contextos en los que estas sustancias se utilizan —recreativo, ceremonial y clínico—, cada uno con sus peligros específicos y, por ende, sus protocolos de primeros auxilios.
En términos médicos, casi todas las sustancias psicodélicas elevan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, un efecto similar al del ejercicio moderado. Para un corazón sano, esto puede ser manejable, pero para quienes tienen condiciones cardiovasculares, podría ser fatal. Por ejemplo, el LSD y la psilocibina elevan moderadamente la presión sistólica, pero el MDMA presenta un riesgo mayor al provocar hipertermia, una de las causas más comunes de muerte asociada. También hay que tener en cuenta la ibogaína, que se utiliza en algunos retiros para el tratamiento de adicciones; puede prolongar el intervalo QT en el corazón y llevar a arritmias mortales, frecuentemente asociadas a enfermedades cardíacas preexistentes.
En cuanto al fenómeno conocido como “malviaje”, este rara vez es el verdadero problema. Un estudio reciente indicó que quienes enfrentan dificultades suelen tener problemas prolongados, especialmente aquellos que desconocían la sustancia y su dosis. La educación sobre lo que uno consume se ha demostrado fundamental para mitigar riesgos. Sin embargo, hay un trastorno poco frecuente, el de percepción persistente por alucinógenos, donde los efectos visuales persisten incluso después de la experiencia, aunque en general es leve y no incapacitante.
Es importante considerar además el riesgo de mezclar medicamentos. Muchas emergencias no surgen de la sustancia en sí, sino de su interacción con antidepresivos o adulterantes, elementos que pueden, sin advertencia, agravar una situación. La ayahuasca, por ejemplo, puede ser peligrosa si se combina con ciertos antidepresivos, creando la posibilidad de un síndrome serotoninérgico. La adulteración de sustancias, como revelaron hallazgos recientes en festivales en México, añade otra capa de riesgo: muchas sustancias que se comercializan como LSD o MDMA pueden no ser lo que parecen.
Para brindar primeros auxilios psicodélicos, es esencial distinguir entre una experiencia difícil y una emergencia médica. En momentos de miedo o confusión, lo primero es mantener la calma, reducir los estímulos y brindar apoyo verbal. No se trata de “bajar” a la persona, sino de acompañar con serenidad.
Sin embargo, hay señales de alerta que indican una emergencia médica: convulsiones, pérdida de consciencia, temperatura elevada, dolor en el pecho o la sospecha de adulteración. Ante estas situaciones, se debe actuar rápidamente, colocando a la persona en posición de recuperación y contactando los servicios de emergencia inmediatamente.
El enfoque preventivo es igual de vital. La evaluación cuidadosa del estado de salud previo, así como la seria consideración de la historia psiquiátrica y del uso de medicamentos, son esenciales antes de participar en una experiencia psicodélica. Educarse sobre análisis de sustancias y mantenerse informado sobre recursos disponibles, como líneas de ayuda en México, puede ser decisivo para salvaguardar la salud en estos escenarios.
El mundo de las medicinas psicodélicas tiene un enorme potencial para el bienestar, pero es fundamental abordar y reconocer su lado oscuro para poder navegarlo de manera segura y responsable.
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