La actividad de fracking en México está en el centro de un debate crucial sobre el futuro energético del país. Merlin Cochran, director general de la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (Amexhi), ha destacado el enorme potencial que tiene esta técnica para la explotación de hidrocarburos no convencionales. Durante un foro organizado por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Cochran enfatizó la necesidad de acelerar los trabajos para poner en marcha estos proyectos, que podrían tardar una década en alcanzar sus picos de producción.
Cochran subrayó que el interés en los recursos no convencionales es evidente, pero los desafíos fiscales representan un obstáculo considerable. “Hay que buscar el cómo sí, sin lugar a dudas”, afirmó, enfatizando la urgencia de establecer un marco que permita que estos proyectos sean rentables. Para poder alcanzar una producción de 9,000 millones de pies cúbicos diarios de gas seco, es necesario desarrollar alrededor de 24 nuevos campos de shale en México, requiriendo una inversión de aproximadamente 108,000 millones de dólares, cifra que representa 1.4 veces lo que atrajo la reforma energética de 2013.
Si bien hay un interés palpable por parte del sector empresarial, la pregunta es si el país podrá adoptar este tipo de explotación sin comprometer su seguridad hídrica ni su sostenibilidad. La conversación en torno al fracking no solo se enfoca en el potencial económico; también implica evaluar los recursos de agua salada, cruciales para la técnica, así como las regulaciones necesarias para mitigar su impacto ambiental.
Desde el gobierno, la visión es que México podría reducir sus importaciones de gas de un 75% a un 50.5% para 2030, disminuyendo así la dependencia de suministros exteriores. Este objetivo sugiere que el gas de yacimientos no convencionales podría ser clave para alcanzar la soberanía energética. Claudia Sheinbaum, presidenta del país, ha comprometido la publicación de avances en las discusiones del comité de expertos que analiza la viabilidad del fracking en el país.
Recientemente, el comité para el análisis del gas no convencional presentó sus primeras conclusiones, limitando el desarrollo de recursos shale a áreas específicas como Sabinas-Burro-Picachos en Coahuila y Nuevo León, así como Burgos en Tamaulipas. Los especialistas coincidieron en que, antes de recurrir al gas no convencional, es preferible explorar otras alternativas, como aumentar la producción de gas convencional, optimizar el uso del hidrocarburo para generación eléctrica y mejorar la eficiencia energética.
A medida que avanzan estas discusiones, la comunidad empresarial subraya que se requieren contratos más sofisticados, flexibles y transparentes para facilitar la explotación del gas mediante fracking. Las decisiones que se tomen en este contexto influirán en la trayectoria energética de México y en su capacidad para aprovechar sus recursos naturales de manera responsable y sostenible.
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