El inicio de 2026 ha desbordado oportunidades y desafíos para la economía mexicana, un contexto donde la demanda interna ha mostrado señales de debilidad tras un cierre resiliente el año anterior. Durante enero, tanto la inversión fija como el consumo privado sufrieron descensos notables, reflejando un cambio brusco en la confianza de los consumidores y en las decisiones de inversión.
El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) reportó una caída mensual del 1.1% en la formación bruta de capital fijo, la más pronunciada para un enero desde 2018. Por su parte, el consumo privado retrocedió un 1.6%, marcando el peor desempeño para este mes en más de una década. Estas cifras sorprendieron al mercado, especialmente considerando el optimismo moderado que había acompañado el cierre de 2025.
La inversión fija había conseguido paliar, aunque levemente, sus pérdidas anuales, cerrando el 2025 con un descenso del 6.3%, una mejora respecto al 7.5% registrado a finales de septiembre. Este ligero repunte se vio impulsado por una reactivación en los gastos de construcción y una mayor inversión pública, alentada por proyectos ferroviarios en el Bajío y el Norte del país. Sin embargo, la tendencia se interrumpió en enero, con caídas significativas en las dos líneas principales de inversión. Los gastos en maquinaria y equipo experimentaron un descenso del 1.1%, mientras que los gastos en construcción cayeron un 0.8%.
Desde la mirada del consumidor, el panorama se torna complicado, ya que el decrecimiento del consumo privado fue aún más marcado de lo que había anticipado el Inegi, que había estimado un descenso del 0.6%. Este retroceso es más notable en la categoría de bienes importados, que cayó un 6.8%. El gasto en bienes nacionales y servicios también disminuyó, aunque en menor medida, con una bajada del 0.9% y del 0.5%, respectivamente.
La situación del consumo destaca especialmente tras el crecimiento sostenido del salario real en el sector formal y la resiliencia del crédito, factores que habían sostenido el ánimo de consumo en el segundo semestre del 2025. Aun así, la desaceleración en la creación de empleos y la caída en las remesas han pesado sobre el gasto familiar.
A medida que avanza el 2026, la incertidumbre se cierne sobre la inversión fija, relacionada con el clima de negocios y las tensiones en la política comercial estadounidense, que se ha desplazado hacia posturas más proteccionistas. Además, las reformas como la judicial generan dudas entre los inversores, en un entorno donde la inversión pública también se ha visto afectada en el marco de un proceso de consolidación fiscal que ha reducido el déficit fiscal del 5.8% al 4.9% del PIB.
A pesar de estas contracciones, los analistas mantienen un leve optimismo sobre la resiliencia del consumo. El impulso de la Copa Mundial de la FIFA, que se celebrará en parte en México durante el verano, y los recientes recortes en la tasa de interés de referencia por parte del Banxico podrían equilibrar el ánimo de los consumidores en los próximos meses.
Así, mientras la economía mexicana inicia el 2026 con señales mixtas, la clave será observar cómo estos elementos se desenvuelven en un contexto de incertidumbre y cambios en el panorama internacional.
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