De acuerdo con el informe de 2025 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, la realidad de la movilidad social en México es alarmante: siete de cada diez jóvenes que nacen en la pobreza continuarán en esa misma situación a lo largo de sus vidas. Este fenómeno contrasta drásticamente con la situación de hace cuatro décadas, donde el esfuerzo educativo y la búsqueda de empleo ofrecían a los jóvenes una vía de escape de la pobreza y oportunidades de ascenso en la pirámide económica. Hoy, esa posibilidad parece lejana y casi inalcanzable.
Desde hace años, erradicar la pobreza ha sido un objetivo recurrente en las plataformas de todos los gobiernos. Sin embargo, la economía no ha crecido lo suficiente para crear empleos formales y bien remunerados que permitan a la juventud desarrollarse plenamente. Las reformas económicas implementadas entre 1988 y 2018 buscaban impulsar el crecimiento económico mediante medidas como la firma del Tratado de Libre Comercio y la creación de organismos independientes, todo orientado a atraer capital privado. Pero a pesar de estas iniciativas, los resultados han sido decepcionantes: la economía creció a un ritmo promedio de menos del 3% anual, mientras que la creación de empleos formales se quedó muy corta para atender a un millón de jóvenes que ingresan al mercado laboral cada año. En un periodo de 22 años, solo se generaron 12 millones de empleos, una cifra notoriamente insuficiente.
El actual presidente, López Obrador, intentó enmendar esta situación promoviendo un aumento significativo del salario mínimo, que se incrementó en más de un 100% en términos reales. No obstante, su administración se ha enfrentado a un crecimiento económico aún más lento, con un promedio de menos del 1% anual y apenas 359,000 empleos formales creados por año. En contraste con el programa de transferencias directas que inició Ernesto Zedillo en su gestión, que buscaba aliviar la pobreza sin modificar la política salarial, el enfoque de López Obrador ha incluido un aumento en los programas sociales y un esfuerzo para reducir la pobreza. Sin embargo, estos esfuerzos no se han traducido en un crecimiento significativo de la economía ni en la creación de empleo.
Los programas sociales son vitales para prevenir que las personas caigan en la pobreza extrema. Sin embargo, está claro que no son suficientes para que se genere un verdadero progreso y desarrollo. La problemática subyacente en México se ha mantenido constante durante más de medio siglo: la falta de inversión, tanto pública como privada, ha sido un obstáculo primordial para un crecimiento económico robusto. Factores como la corrupción, la inseguridad, la burocracia y un sistema educativo que aún presenta carencias son las barreras que impiden generar confianza entre inversionistas privados. Sin un cambio tangible en este entorno, la perspectiva para los jóvenes que nacen en condiciones de pobreza sigue siendo desalentadora, perpetuando un ciclo de pobreza que parece difícil de romper.
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