El entusiasmo por los superpoderes y los héroes perfectos en el mundo de Disney parece estar agotándose. O al menos, parece tambalear en Encanto, su nueva película cuyo estreno mundial es este jueves y una gran apuesta comercial de la empresa en el día de Acción de Gracias desde la celebrada Coco de estudios Pixar en noviembre del 2017. Encanto es una película con más realismo mágico que fantasía, pero sobre todo, con más cariño por personajes rotos que por los intachables.
Encanto, en su primera escena, introduce la herida con la que carga una familia colombiana, los Madrigal. Después de ser amenazados en su pueblo por un grupo violento de hombres, la pareja Madrigal decide huir de su hogar con tres trillizos. No sabemos bien quiénes son los violentos, ni por qué están allí. Sin embargo, a la tragedia le sigue un milagro: los Madrigal sobrevivientes llegarán a vivir en un pueblo nuevo que se llama Encanto, donde serán protegidos por una vela que nunca se apaga y que le otorga a cada descendiente un don mágico. En los Madrigal hay hijos que pueden cambiar el clima con sus pensamientos o curar una herida con una arepa; y hay nietos que pueden entender el idioma de los animales o escuchar conversaciones a kilómetros de distancia.
Encanto no está basada en una tradición sino en un libro: Cien Años de Soledad del Nobel Gabriel García Márquez. La famosa novela colombiana ocurría en la enorme casa de los Buendía, otra familia migrante y gobernada por la matriarca Ursula Iguarán. Fundadores del pueblo del realismo mágico llamado Macondo.
La verdadera tragedia de Encanto
La protagonista es la única de los Madrigal que no tiene un don mágico: Mirabel, una tierna chica de pelo rizado y lentes verdes que vive una crisis de identidad en esta familia de súper poderosos. “Eres perfecta tal cual eres”, le consuela su madre. Aunque como todo halago de una madre a una adolescente, es ignorado de inmediato.
Mirabel, nuestra heroína sin superpoderes, debe descubrir durante todo el filme por qué sus familiares corren el riesgo de perder sus dones mágicos. Sin caer en spoilers, lo más interesante de esta película no es lo que descubre Mirabel al final sobre su casa mágica y los super poderes en peligro. Lo más interesante es lo que va encontrando en el camino. Quizás su hermana hermosa no quiere casarse con el hombre más guapo del pueblo (como lo espera su abuela Alma), y quizás su otra hermana –Luisa, una chica con el súper poder de la fuerza– está cansada de trabajar todos los días y necesita un descanso. Quizá ella misma, Mirabel, vive mejor sin un súper poder que defina toda su identidad. Lo que permite a Mirabel ser Mirabel es precisamente no tener un encanto.
Cien Años de Soledad
Las más hermosas, las más fuertes, las más trabajadoras, las abuelas ‘yo todo lo puedo’, viven sus propias crisis de identidad. “Estás cargando demasiado peso”, le dice Mirabel a una de ellas. Toda la familia, desde el principio, intenta poner una cara alegre a pesar de que saben que la casa está llena de grietas. Por las expectativas que han puesto los otros sobre ellos, y con cualquier paso en falso toda la casa se cae al piso.
Lo que hace más hermoso a Encanto no son las referencias a Cien Años de Soledad, ni su celebración por la multiculturalidad colombiana, ni su salsa, ni sus arepas, ni sus hermosas guacamayas. Lo mejor de Encanto es el enorme peso de las expectativas que se cultivan dentro de una familia tradicional. Si bien la película no pone en cuestión la familia heteronormativa –eso ya hace la nueva pareja gay de Superman– sí es una entrada para mostrarle a los más chicos los enormes quiebres dentro de una familia nuclear.
Puedes seguir a Columna Digital en Facebook y Twitter, o visitar nuestra pagina oficial.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


