En México, la enfermedad renal crónica se ha convertido en un grave desafío para el sistema de salud, generando una carga económica que supera los 10,000 millones de pesos cada año. Esta cifra alarmante refleja los costos asociados principalmente a tratamientos como la diálisis y los trasplantes renales, así como la atención a complicaciones médicas que suelen requerir hospitalización.
Un estudio revelador del Instituto Mexicano del Seguro Social destaca que gran parte de los gastos relacionados con pacientes que sufren de esta condición provienen de la atención en fases avanzadas de la enfermedad. El mensaje que surge el Día Mundial del Riñón es claro: es crucial actuar antes de que el daño renal sea irreversible. Katya Herrejón, líder de área de Cardiovascular-renal-metabolismo en AstraZeneca México, enfatiza que convertir la evaluación de la función renal en un estándar de atención puede transformarse en un salvavidas para millones de personas.
Lo preocupante es que el daño renal avanza silenciosamente. Las primeras etapas a menudo no presentan síntomas, lo que demora un diagnóstico y un tratamiento adecuados. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), solo el 2% de quienes padecen enfermedad renal crónica en sus fases iniciales están al tanto de su diagnóstico. Esto implica que la mayoría de los casos se detectan tarde, cuando la enfermedad ya ha progresado a insuficiencia renal terminal, una condición que exige terapias sustitutivas costosas.
El costo de la diálisis es particularmente alarmante: alrededor de 200,000 pesos anuales por paciente, según estimaciones del IMSS. Esta realidad contribuye a la presión financiera que enfrenta el sistema de salud en México. Además, el impacto de esta enfermedad va más allá de lo económico; con más de 14,000 defunciones registradas en 2022, la enfermedad renal crónica se sitúa entre las principales causas de mortalidad en el país, según datos del INEGI.
También es importante señalar la relación entre la diabetes y la enfermedad renal. Sin tratar, alrededor del 40% de los diabéticos desarrollarán algún grado de daño renal a lo largo de su vida, lo que representa potencialmente más de 6 millones de mexicanos en riesgo. Herrejón subraya que, aunque tradicionalmente el manejo de la diabetes se ha centrado en controlar los niveles de azúcar en sangre, es fundamental reconocer que esta enfermedad sistémica afecta riñones, corazón y vasos sanguíneos. Cada diagnóstico debe activar, desde el inicio, una estrategia de protección renal y cardiovascular.
Con el objeto de evitar que más mexicanos sufran las consecuencias devastadoras de la enfermedad renal crónica, médicos especialistas hacen un llamado urgente para reformar el tratamiento de la diabetes tipo 2 en México. Proponen que se actúe desde las etapas más tempranas de la enfermedad, implementando pruebas de función renal al menos una vez al año, así como tratamientos con un enfoque cardio-renal que protejan tanto riñones como corazón.
Además, enfatizan la necesidad de un seguimiento adecuado para ajustar tratamientos cuando sea necesario y promover una mayor educación para los pacientes. Asimismo, es esencial fortalecer los programas de detección temprana en los niveles más básicos de atención médica, garantizando acceso universal a pruebas diagnósticas esenciales. Solo a través de estas medidas proactivas se podrá mejorar significativamente el pronóstico de quienes enfrentan la amenaza de la enfermedad renal crónica en el país.
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