En un análisis exhaustivo de la situación sanitaria en México durante 2025, se observa un panorama alarmante por el resurgimiento de enfermedades prevenibles. La nación enfrenta una crisis de salud pública, marcada por el incremento de casos de sarampión, mpox (viruela símica) y dengue, lo que ha puesto a prueba las capacidades del sistema de salud.
El sarampión se ha consolidado como una de las principales preocupaciones, con cifras que revelan un brote considerable, siendo los 2,597 casos confirmados hasta junio de 2025 y con nueve muertes, la mayoría en Chihuahua. Las autoridades de salud han establecido un objetivo ambicioso: erradicar el virus antes de que finalice el año, respaldándose en más de seis millones de dosis disponibles para inocular a un 95% de la población entre 6 meses y 49 años. La respuesta a esta crisis incluye no solo la estrategia local, sino también la presión internacional, ya que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha calificado estas muertes como “inaceptables”, exigiendo acciones inmediatas.
Por su parte, los casos de mpox no se quedan atrás. Con alrededor de 320 contagios confirmados, más del 90% se han reportado en la Ciudad de México. La dinámica de contagio es preocupante, ya que en un periodo reciente se registraron hasta 40 casos probables en 14 días. Estas cifras han llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a mantener activas sus alertas sanitarias, mientras la OPS ofrece colaboración técnica para mejorar el manejo clínico y la vigilancia.
El dengue ha registrado un aumento dramático, con cifras que indican un incremento de hasta un 300% desde 2024. Los datos hasta junio reflejan 1,781 casos no graves, 1,921 con signos de alarma, 155 graves y 18 hospitalizaciones críticas. Esta situación ha llevado a la Secretaría de Salud a implementar un plan que busca reducir a la mitad los casos en un plazo de cinco años, enfocándose en el control de mosquitos y campañas de prevención comunitaria.
Además, se han encendido alertas por el registro de 20 casos de tosferina y la posibilidad de brotes de fiebres hemorrágicas. Este contexto resalta el descenso en la vacunación preventiva tras la pandemia, lo que ha generado una creciente preocupación entre los expertos en salud pública.
Para contrarrestar esta escalofriante realidad, se han puesto en marcha diversas estrategias de contención y prevención. Se destacan las campañas de vacunación masiva contra el sarampión, que deben abarcar tanto a niños como a adultos hasta 49 años. La vigilancia activa es fundamental, como lo es la detección rápida de casos y el seguimiento de contactos, sobre todo en comunidades rurales e indígenas. Otras medidas incluyen el control vectorial, que comprende la fumigación y el uso de mosquiteros; así como la erradicación de criaderos de mosquitos y el uso de repelentes. La lucha contra la desinformación es crucial para fomentar las vacunas entre las comunidades escépticas. Por último, la cooperación internacional, respaldada por la OMS y la OPS, se presenta como un pilar esencial para robustecer la respuesta nacional.
Este conjunto de medidas, si se implementa de manera efectiva y coordinada, tiene el potencial de reversar la tendencia actual y proteger la salud pública de México ante esta encrucijada. Con estos desafíos en mente, la atención de la comunidad internacional se centra en cómo logrará el país sortear esta compleja situación sanitaria, crucial para la salud y el bienestar de su población.
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