La mañana del 27 de enero de 2026, una alarmante fuga de hidrocarburo tuvo lugar en el municipio de Tlahuelilpan, provocando preocupación entre los habitantes y las autoridades de la zona, quienes recuerdan que este tipo de incidentes no son nuevos en la región. El evento, registrado específicamente en la colonia San Primitivo, ha puesto de manifiesto la gravedad del problema que enfrenta la comunidad.
Inmediatamente, diversas autoridades, incluyendo Protección Civil de Tlahuelilpan y Atitalaquia, se personaron en el lugar. La colaboración de Pemex, Seguridad Física, Guardia Nacional, SEDENA, Policía Estatal y Policía Municipal se centró en controlar la situación. Aunque hasta el momento no se han reportado personas lesionadas, las autoridades han calificado el evento como de alto riesgo. Se les ha advertido a los vecinos que mantengan la calma, que eviten acercarse a la zona y que cierren puertas y ventanas por precaución.
Este registro de fuga revive la memoria de uno de los peores desastres que la localidad ha vivido. El 18 de enero de 2019, una tragedia resultó de una expulsión descontrolada de gasolina en el kilómetro 226 del oleoducto que conecta el puerto de Tuxpan con la ciudad de Tula. En ese entonces, la instalación de una toma clandestina llevó a la acumulación de hidrocarburo en el ambiente, lo que culminó en una devastadora explosión. Este desastre dejó un saldo trágico de 137 muertos, con 69 personas falleciendo en el lugar y 68 más sucumbiendo a sus heridas en hospitales.
La frecuencia de estos incidentes resalta la urgencia de un enfoque más efectivo en la gestión de emergencias y la prevención de desastres relacionados con el manejo de hidrocarburos en la región. Mientras las autoridades trabajan para contener la situación actual, la comunidad enfrenta nuevamente el desafío de asegurar su seguridad ante estos eventos cada vez más comunes.
La historia reciente de Tlahuelilpan continúa siendo un recordatorio de los riesgos asociados al transporte y manejo de combustibles, subrayando la necesidad de una vigilancia constante y medidas de prevención adecuadas. La población espera que las lecciones aprendidas del pasado impulsen un cambio significativo en las políticas y prácticas de seguridad.
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