En 1985, Paul y Amy Schwartz, recientemente mudados de Manhattan a Great Neck, Nueva York, se encontraron con el templo Beth El mientras buscaban una sinagoga. Al entrar en su vasta sala de oración, Paul quedó asombrado al ver la imponente escultura de Louise Nevelson, titulada The White Flame of the Six Million, que se eleva 16 pies y se extiende 55 pies a lo largo, con un arca de Torá integrada en la obra y una luz eterna colgando sobre ella. Su reacción fue inmediata: “Oh Dios, Amy, podría sentarme frente a esto y meditar”. Desde entonces, los Schwartzes han sido miembros del templo.
La escultura, donada por el desarrollador inmobiliario Wilfred Cohen y su esposa Rose, marcó la ampliación de Beth El de su capilla original de 250 asientos a un nuevo santuario de 1,900 asientos, diseñada para albergar a una creciente congregación. El nombre de la obra alude claramente al Holocausto, evocando formas de fuego y humo, así como cuerpos ascendiendo hacia el cielo. Aunque Nevelson es conocida por sus esculturas en negro, la obra blanca produce sombras más pronunciadas, lo que acentúa su dimensión.
Nevelson no solo dejó su huella en la escultura del templo; en la década de 1950, impartió clases de escultura para adultos en el sistema escolar de Great Neck, convirtiéndose en una figura reconocida en la comunidad. En 1959, su trabajo se exhibió en el Museo de Arte Moderno de Nueva York junto a artistas como Jasper Johns y Robert Rauschenberg.
En su auge en la década de 1980, el templo contaba con 1,500 familias en su congregación y una lista de espera de 500. Sin embargo, la dinámica demográfica de Great Neck ha llevado a una disminución, con solo 400 familias de miembros hoy en día. La necesidad de un espacio tan amplio ha llevado a los líderes del templo a considerar una reubicación. Actualmente, Beth El está en negociaciones para vender la propiedad completa y arrendar su capilla original durante diez años, lo que significa que la escultura de Nevelson, esencial para la identidad del lugar, debe ser vendida.
Con este fin, la congregación ha firmado un contrato exclusivo con Ann Freedman, exdirectora de la galería Knoedler y actual fundadora de FreedmanArt. La decisión de vender la escultura se basa en la necesidad de garantizar la estabilidad financiera del templo para las futuras generaciones, permitiendo que se enfoquen en programas comunitarios y educativos en lugar de mantener grandes estructuras.
Un detalle curioso en la historia de The White Flame es su valoración inicial en más de $100,000 en 1970, fecha de su dedicación. Hoy, se estima que su valor ronda los $2.5 millones, lo que plantea preguntas sobre su futuro. Freedman ha expresado su deseo de colocarla en una institución que pueda apreciar su significado, destacando que su falta de iconografía bíblica la hace adecuada para diversos entornos.
Mientras la congregación espera que la escultura permanezca en Nueva York, su destino es incierto, ya que la venta podría concretarse este verano. La historia de The White Flame no es solo un viaje artístico, sino una representación de la resiliencia y espiritualidad que ha permanecido en el corazón de la comunidad durante más de cinco décadas. La obra se considera más que un simple arte; es un espacio de meditación y adoración, con un legado que continúa vivo.
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