En pleno mes de julio, con el aire acondicionado funcionando a máxima capacidad y las facturas eléctricas en constante ascenso, el panorama energético en España se ha vuelto inquietante. Durante estas calurosas semanas, los consumidores se enfrentan a un fenómeno curioso: existe un único momento del día en el que el costo de la electricidad resulta menos gravoso, aproximadamente alrededor del mediodía, donde el precio puede caer a la mitad de lo habitual. Pero, ¿cuál es el porqué de esta singularidad?
En concreto, el 16 de julio de 2025, el precio medio de la electricidad alcanzó los 164,06 €/MWh en la tarifa regulada (PVPC), según datos de la Red Eléctrica de España. Para el día siguiente, se esperaba una leve reducción, que lo situaría en 102,85 €/MWh. Sin embargo, esta media oculta una realidad dispar entre las horas: el costo de la electricidad a menudo supera los 120 €/MWh. Solo durante una hora, la tarifa se encuentra en un nivel más “asequible”. Sorprendentemente, solamente en siete horas, el costo puede casi duplicarse; pasará de 73,00 €/MWh a las 15:00 a 129,85 €/MWh a las 22:00. Este salto no se debe a un aumento en la demanda, sino a un cambio en la fuente de energía usada: cuando cae la luz solar, entra en juego el gas, y el mercado reacciona al alza.
La razón detrás de este fenómeno es el sol. A partir de las tres de la tarde, la producción solar se incrementa considerablemente, creando una situación de sobreoferta donde la generación renovable supera la demanda real. Esto provoca una drástica caída en el precio en el mercado mayorista, que refleja el desbalance entre producción y consumo. Sin embargo, la capacidad de almacenamiento de esta energía excedente sigue siendo un desafío crítico en España. Actualmente, no existen suficientes baterías ni infraestructuras de bombeo que permitan almacenar esta energía barata y utilizarla en momentos de alta demanda.
Además, el país enfrenta el problema del “curtailment”, donde, a pesar de la generación de más energía renovable que nunca, parte de esa electricidad se desperdicia debido a la saturación de la red. En algunas áreas del centro-sur, como Arenas de San Juan o Carroyuelas, se han llegado a desperdiciar hasta un 30% de la electricidad generada por esta falta de capacidad para evacuarla. Esta ineficiencia ha llevado a precios de la luz cada vez más altos.
El efecto de esta volatilidad horaria en la electricidad es lo que los expertos llaman el “spread” diario, una diferencia de precios que puede superar los 200 €/MWh entre las horas más baratas y más caras del día. Dicha fluctuación hace que las facturas de los consumidores se disparen, incluso cuando parte de la generación eléctrica se realiza a un coste casi nulo.
Sin embargo, no solo es el sol el culpable de esta situación. Desde el apagón del 28 de abril, las operaciones y mecanismos dentro de la Red Eléctrica han cambiado, aumentando el uso de ciclos combinados de gas para estabilizar la red. Este cambio, que en un inicio fue una medida de emergencia, ha quedado como la nueva normalidad hasta que se puedan implementar reformas estructurales que no estarán disponibles hasta el próximo año.
Para aquellos consumidores con tarifa regulada (PVPC), cada día se convierten en actores en esta volátil producción y consumo eléctrico. Incluso los contratos en el mercado libre empiezan a reflejar aumentos, pues algunas compañías eléctricas están trasladando estos sobrecostes a sus clientes.
En este entorno de incertidumbre, muchos optan por concentrar el uso de electrodomésticos durante la franja de precios bajos. Sin embargo, esta estrategia no es viable para todos los hogares.
La solución es evidente: aumentar la capacidad de almacenamiento energético, gestionar mejor la demanda, fomentar la creación de microrredes locales y mejorar las interconexiones con Europa. El gobierno ha implementado medidas para acelerar estos cambios, lanzando el Real Decreto-Ley 7/2025, y buscando establecer un mercado de capacidad que garantice el suministro energético.
No obstante, la implementación de estas medidas es a largo plazo, dejando a los consumidores en un escenario donde la dependencia del gas seguirá influyendo en los precios energéticos hasta que se logren implementar los cambios necesarios.
Cada día, el sistema eléctrico en España ofrece una ventana de electricidad barata. Sin embargo, esta es solo una ilusión temporal, reflejo de una paradoja energética: se produce más energía renovable que nunca, pero es cada vez más difícil aprovecharla eficientemente. Mientras no se aborden los desafíos de almacenamiento y flexibilidad, poder disfrutar de una hora de electricidad económica seguirá siendo un lujo occasionario, no una garantía. En un verano marcado por intensas olas de calor, el costo de no actuar pronto se medirá no solo en euros, sino también en términos de emisiones, vulnerabilidad social y dependencia energética.
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