Marruecos da por cerrada su crisis diplomática con España, que se ha prolongado 10 meses, después de el Gobierno español haya abandonado su tradicional postura de neutralidad en el conflicto del Sáhara y haya tomado partido por Rabat, al considerar su propuesta de autonomía “como la base más seria, realista y creíble para la resolución del contencioso” en la excolonia española.
Así lo afirma el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una carta dirigida al rey Mohamed VI, que ha hecho pública el Gabinete Real de Marruecos. Según la misiva, España “reconoce la importancia que tiene la cuestión del Sáhara para Marruecos” y “considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007, como la base más seria, realista y creíble para resolver este contencioso”. El presidente destaca, además, “los esfuerzos serios y creíbles de Marruecos en el marco de las Naciones Unidas para encontrar una solución mutuamente aceptable” al conflicto que se prolonga desde hace 47 años.
Esta carta supone un cambio de la postura tradicional del Gobierno español, que hasta ahora había apostado por “una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable, en el marco de Naciones Unidas”, sin decantarse por la autonomía marroquí ni por la independencia saharaui y abriendo la puerta a una salida diferente al referéndum de autodeterminación, siempre que fuera acordada por las partes. La carta de Sánchez va más allá de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU del pasado 29 de octubre, en la que se “toma nota” de la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara, presentada en abril de 2007, y se acogen “con beneplácito los esfuerzos serios y creíbles de Marruecos por hacer avanzar el proceso hacia una solución” del conflicto, pero sin mostrar preferencia por la misma, como hace España.
Tras difundirse la carta del presidente español a Mohamed VI, el Ministerio de Exteriores marroquí ha hecho público un comunicado en el que “aprecia altamente las posiciones positivas y los compromisos constructivos de España sobre la cuestión del Sáhara marroquí contenidos” en la misima y anuncia una visita del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, “a finales de este mes de marzo y antes del mes de Ramadán”, que comienza el próximo 2 de abril. Será el primer viaje del jefe de la diplomacia española al país vecino desde que tomó posesión de la cartera, el 13 de julio. “Una visita del presidente del Gobierno español al Reino de Marruecos será igualmente programada posteriormente”, añade el Ministerio de Exteriores marroquí.
El comunicado de Rabat añade que “los términos” del mensaje de Sánchez “permiten prever una hoja de ruta clara y ambiciosa con el fin de inscribir durablemente la asociación bilateral en el marco de los nuevos parámetros y bases destacados en el discurso” de Mohamed VI del 20 de agosto. El rey de Maruecos llamó en ese discurso a “inaugurar una nueva etapa inédita en las relaciones entre los dos países, sobre la base de la confianza, la transparencia, el respeto mutuo y la honra de los compromisos”.
Aunque el comunicado del Gabinete Real de Rabat no lo indica, el texto de la carta es producto de meses de negociaciones entre los dos ministerios de Asuntos Exteriores y supone el cumplimiento de la condición impuesta por Marruecos para normalizar plenamente sus relaciones: que España se moviese en su posición sobre el Sáhara. Sin embargo, aunque esa era la principal pretensión del Gobierno español, el comunicado marroquí no incluye ningún compromiso de respeto a la integridad territorial de España y su soberanía sobre Ceuta y Melilla, ni de renuncia al uso de la inmigración irregular como instrumento de presion, como garantía de que no se repetirán situaciones como la vivida en mayo de 2021 en la frontera de Ceuta.
La misiva de Sánchez cierra una crisis diplomática que comenzó con la llegada a España el 18 de abril del año pasado del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, para ser atendido de una grave afección de la covid-19 en un hospital de Logroño; tuvo su momento álgido con la entrada irregular de más 10.000 marroquíes en Ceuta el 17 y 18 de mayo y culminó con la llamada a consultas de su embajadora en Madrid, Karima Benyaich, hace ya diez meses, sin que haya regresado.
El pasado 16 de febrero, los ministros de Exteriores de Alemania y Marruecos, Annalena Baerbock y Nasser Burita, pusieron fin a más de un año de crisis diplomática y anunciaban el regreso de la embajadora marroquí a Berlín. En el comunicado conjunto no se hacía ninguna alusión al contencioso del Sáhara. No obstante, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, había remitido previamente una carta a Mohamed VI (hecha pública también por Marruecos) en la que calificaba la propuesta de autonomía para la excolonia española de “esfuerzo serio y creíble” y “buena base” para llegar a un acuerdo, términos muy similares a los de la resolución de la ONU. Con el cambio de posición de España y Alemania, los grandes países europeos que mantenían una postura neutral en el conflicto, Marruecos se apunta un tanto diplomático, pues ya contaba con el apoyo incondicional de Francia.
Según la Casa Real marroquí, Sánchez subraya en su misiva que los “dos países están indisolublemente unidos por afectos, historia, geografía, intereses y una amistad compartida” y se muestra “convencido de que los destinos de los dos pueblos también lo son” y que “la prosperidad de Marruecos está ligada a la de España, y viceversa”.
“Nuestro objetivo es construir una nueva relación, basada en la transparencia y la comunicación permanente, el respeto mutuo y los acuerdos firmados por ambas partes y absteniéndose de cualquier actuación unilateral, estando a la altura de la importancia de todo lo que compartimos”, añade el presidente.
En este contexto, “España actuará con la absoluta transparencia que corresponde a un gran amigo y aliado”. “Les aseguro que España siempre cumplirá sus compromisos y su palabra”, subraya Sánchez.
Además, el jefe del Gobierno reitera en su misiva la “determinación para afrontar juntos los retos comunes, en particular la cooperación para la gestión de los flujos migratorios en el Mediterráneo y el Atlántico, actuando siempre en un espíritu de plena cooperación”. “Todas estas actuaciones se realizarán con el objetivo de garantizar la estabilidad y la integridad territorial de los dos países”, concluye.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


