En un acontecimiento sin precedentes que dejó a España y Portugal a oscuras, un masivo apagón se desató el lunes a las 12:30 horas (4:30 a.m. hora de la CDMX), provocando un colapso en el suministro eléctrico que llevó a la desconexión de la península ibérica del resto del sistema europeo. A pesar del caos inicial, el suministro eléctrico fue completamente restablecido al día siguiente, lo que permitió a ambos países regresar a la normalidad.
Eduardo Prieto, director de la Red Eléctrica Española, ofreció una declaración tranquilizadora, asegurando que “el sistema eléctrico se encuentra en estos momentos funcionando de manera normalizada” y que se descartaba la posibilidad de un ciberataque. Esta afirmación fue respaldada por el operador portugués REN, que detalló que sus 6.4 millones de clientes habían recuperado el servicio. Ambos gobiernos se encuentran investigando el origen del colapso, y aunque no se descartan otras hipótesis, la teoría del ciberataque ha sido claramente descartada.
El impacto del apagón fue significativo e incluso llegó a afectar a Groenlandia, donde se reportaron interrupciones en las telecomunicaciones gestionadas en parte desde España. Según Prieto, la crisis se debió a una “fuerte oscilación de los flujos de potencia” que provocó una pérdida repentina del 60% de la energía en apenas cinco segundos, llevando a la desconexión del sistema.
A medida que la electricidad regresaba, se vivieron momentos de celebración en varias ciudades. La normalización del servicio permitió reanudar el tráfico ferroviario, aunque todavía había trenes varados en la mañana del martes, complicando el regreso a la rutina. La situación en la estación de Atocha en Madrid mostraba una mezcla de ansiedad y alivio entre los viajeros, quienes aplaudían cada anuncio de salida.
La jornada fue caótica y reveló la dependencia de la sociedad moderna en los sistemas tecnológicos, donde la falta de electricidad dejó a muchos sin acceso a internet ni servicios básicos. A nivel educativo, las escuelas respondieron a la emergencia recibiendo a los estudiantes, aunque sin clases.
El acontecimiento recuerda otros apagones en Europa, como el ocurrido en Alemania en 2006 que afectó a 10 millones de personas, y el apagón en Italia en 2003, lo que subraya la vulnerabilidad de las infraestructuras eléctricas. En la actualidad, autoridades de ambos países están trabajando para asegurar que se aprendan lecciones de esta experiencia, que ha confirmado la precariedad en la que se encuentran arraigadas las redes eléctricas en la región.
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