Cuando Daisy Mulholland llegó al Centre for Contemporary Arts (CCA) en Glasgow para el lanzamiento de su nueva tienda de arte, ya era demasiado tarde. La noticia de que el emblemático espacio cultural, una piedra angular del arte en la ciudad desde su establecimiento en 1974, cerraría de inmediato, llegó como un balde de agua fría. Con 250 entradas vendidas y preparativos a plena marcha, Mulholland se encontró frente a unas cerraduras cambiadas y un escenario desolador.
El 30 de enero de 2026, la dirección del CCA envió un correo electrónico donde afirmaba que la organización no había podido alcanzar una posición financiera sostenible. Desde entonces, ha sido un camino arduo para Mulholland, quien, bajo el nombre de Nänni-pää, ha tratado de recuperar su propiedad y buscar compensaciones. Y no está sola: muchos negocios enfrentan pérdidas económicas significativas, lo que está repercutiendo en la comunidad artística de Glasgow.
A esta crisis se suma otra preocupación. Recientemente, los inquilinos de otro centro artístico, Trongate 103, recibieron notificaciones que amenazaban con desalojos. Esta situación ha causado gran inquietud entre los defensores de importantes organizaciones culturales que operan allí, como el Glasgow Media Access Centre (GMAC), Street Level Photoworks y el Glasgow Print Studio. Mark Langdon, presidente del consejo de GMAC, advirtió sobre un aumento del alquiler de hasta cuatro veces, lo que pone en riesgo la viabilidad del espacio.
Aunque City Property, el organismo del consejo de la ciudad responsable de la gestión de estos arrendamientos, ha tratado de calmar los ánimos, afirmando que los desalojos no son su intención, los aumentos de alquiler continúan y el clima de incertidumbre aumenta. Langdon participó en las discusiones originales antes de la renovación de Trongate 103 en 2009, una inversión pública de 8 millones de libras destinada a crear una comunidad artística sostenible.
Este contexto ha llevado a algunos funcionarios, como el MSP escocés Paul Sweeney, a denunciar la falta de liderazgo estratégico en el escenario cultural de Glasgow. Sweeney no duda en señalar que estos espacios fueron fundamentales para la regeneración de la ciudad y lamenta su transformación en profit motivado por intereses comerciales.
“Glasgow ha sido un faro para la cultura independiente y alternativa, especialmente tras su estatus como Capital Europea de la Cultura en 1990. Sin embargo, la perdida de espacios como el CCA y Trongate 103 es un síntoma de un problema mayor: la erosión gradual de la infraestructura cultural,” explica un miembro de la comunidad artística. La situación actual contrasta fuertemente con los logros culturales de la ciudad, que han funcionado como un antídoto frente al predominio de otras ciudades como Edimburgo o Londres.
Los efectos de este deterioro no son solo económicos. Janos Lang, fundador de la organización cultural Ando Glaso, señala que el CCA fue uno de los pocos lugares donde las organizaciones de minorías étnicas pudieron desarrollar y presentar su trabajo. Hay propuesta de convertir el CCA en el primer centro multicultural de artes de Escocia, una idea que resuena con muchos en la comunidad artística.
Mientras tanto, otras instalaciones como SWG3, un antiguo almacén ahora convertido en un exitoso centro multidisciplinario, han empezado a mostrar un modelo de negocio que combina la actividad comercial con el apoyo a artistas. Sin embargo, la preocupación persiste: el aumento de costos, como alquiler y suministros, está dificultando que las organizaciones culturales mantengan su vitalidad.
Veronique AA Lapeyre, directora de la Red de Arte Contemporáneo Escocés, subraya que la conexión de los artistas con la ciudad es lo que ha hecho vibrar a la comunidad, pero advierte que esta red se está debilitando. A pesar de un reciente compromiso del gobierno escocés para aumentar la financiación cultural en 100 millones de libras para 2028-2029, muchos en el sector insisten en que se necesita más apoyo concreto.
La advertencia es clara. Louise Oliver, programadora de GMAC, manifiesta que Glasgow podría convertirse en la sombra de la vibrante ciudad creativa que alguna vez fue. La realidad es que, si no se toman decisiones significativas para proteger y apoyar la cultura, Glasgow podría perder su esencia artística, que ha sido fundamental en su historia y desarrollo. En un panorama cada vez más complejo, se plantea la pregunta: ¿qué tipo de ciudad queremos ser?
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


