El grupo yihadista Estado Islámico (EI) ha reivindicado un devastador atentado suicida que dejó al menos 31 muertos y cerca de 170 heridos en una mezquita chiíta de Islamabad. Este ataque, sin precedentes en letalidad en la capital pakistaní desde 2008, ocurrió durante la oración del viernes, cuando la congregación se encontraba en una de sus actividades más sagradas.
La tragedia se desató en la mezquita Imam Bargah Qasr-e-Khadijatul Kubra, situada en el barrio de Tarlai, a las afueras de Islamabad, que estaba abarrotada de fieles. Testigos y fuentes policiales han señalado que un atacante armado, tras abrir fuego contra los guardias de seguridad, detonó su chaleco explosivo entre los congregados, causándolo caos y devastación.
El registro de víctimas ha continuado en aumento, lo que sugiere que el número de fallecidos podría ser aún mayor, de acuerdo con las autoridades locales. Muhammad Kazim, un fiel presente en el momento del ataque, describió el horrible suceso: “Durante la primera inclinación del namaz, oímos disparos. Cuando aún estábamos inclinados, se produjo una explosión. La explosión fue extremadamente potente, los escombros caían del techo, y al salir había muchos cuerpos esparcidos.”
Pakistán, un país donde la población chiíta representa entre el 10 y el 15%, ha sido regularmente blanco de ataques por parte de grupos yihadistas. Las imágenes más recientes del ataque muestran a víctimas llegando al hospital con ropas ensangrentadas, mientras que en la mezquita se podían observar charcos de sangre y pertenencias personales esparcidas.
El ataque ha suscitado condenas a nivel internacional, incluido el secretario general de Naciones Unidas, quien calificó de “inaceptables” los ataques contra civiles y lugares de culto. El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, ha prometido que los responsables serán llevados ante la justicia.
Este atentado ocurre en un contexto de creciente violencia en el país, con fuerzas de seguridad enfrentándose a una intensificación de las insurgencias en diversas provincias, especialmente en las áreas fronterizas con Afganistán. El último atentado relevante en Islamabad fue en noviembre, ocasionando 12 muertes.
En Baluchistán, los ataques por parte de insurgentes separatistas han tenido un alto costo humano, generando una respuesta militar que ha resuelto la eliminación de cerca de 200 insurgentes en días recientes. La situación de inseguridad es preocupante, y muchos continúan exigiendo que el gobierno tome medidas más efectivas para proteger a la población, en particular a las minorías chiítas, quienes viven constantemente amenazados.
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